Lunes 11 , Diciembre de 2017

Correrse de los roles para traer de vuelta a la mujer (la propuesta de Gabriela Arias Uriburu)

(Por Mónica Nahas) Gabriela Arias Uriburu es presidente de la Fundación Niños Unidos por el Mundo, una ONG que trabaja en pos de la restitución familiar poniendo como prioridad a los niños; es embajadora por la paz en la asociación Mil Milenios de Paz.

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Reconocida por su lucha por los derechos de los niños dado que logró importantes avances en materia de legislación y tratados internacionales relacionados a la revinculación de los niños con sus padres y sus familias.

Ha escrito libros donde cuenta su historia, y hoy de una manera superadora, también se aboca a otros temas, como los vínculos de pareja. Se encuentra trabajando en su próximo libro donde la temática será la violencia en las relaciones.

¿Quién es Gabriela Arias Uriburu?

Primero, soy una mujer y esto no es nada sencillo decirlo porque me llevó mucha tarea personal traer de vuelta a la mujer. A la mujer no la traje de vuelta inmediatamente.
Creo, por mis propias vivencias personales, que lo más difícil es traer a la vida a nuestro ser mujer, porque nos ubicamos más en los roles. La madre es un rol, la secretaría, la ama de casa son roles, pero a todas ellas alguien les da vida, y es la mujer.

¿Quién soy? Una mujer que ha vuelto a la vida y que está dispuesta desde hace muy poco tiempo a empoderarse de su propia fuerza, sabiduría, y aprendizajes y arrojarme con toda pasión e intensidad hacia los caminos que la vida me indica que tengo que ir. Esto no es poca cosa.

¿Cuál es la labor que realizan en la Fundación Niños Unidos por el Mundo?

Bueno la fundación está teniendo un cambio enorme porque nos dimos cuenta trabajando con las historias de los padres que nos escriben que no llegamos a los cambios que tienen que suceder por el niño.

La Fundación fue creada para poner en relieve los derechos de los niños en su familia. Esto no se  había hecho antes. El niño se veía entre los derechos del padre o los derechos de la madre, pero nadie cuidaba ni protegía los derechos de ellos, y en el niño se unen los derechos de la madre y del padre. En esto hay que hacer cambios de las políticas nacionales e internacionales.

La justicia tiene que poder empezar a mirar al niño, supuestamente lo hace, pero no lo protege; ante un conflicto de un hombre y una mujer que llegan a un juzgado y el juez debería hacer una enmienda de protección al niño.

Esto no sucede porque la justicia es mala o porque el juez sea malo, sino porque no tomamos conciencia de la significancia y del lugar que ocupa el niño en la familia y en la sociedad

¿Creés que si eso se hubiera tenido en cuenta en el momento que te pasó a vos, las cosas habrían sido diferentes?

Absolutamente. No por eso me siento alineada, siento que la historia con mis hijos trajo esta misión, este punto tan importante que es empezar a ver a los niños.

Cuando uno piensa en los niños enseguida piensa en acuerdos, en mediaciones; el adulto se ve obligado a dar un paso al costado para dar preponderancia al niño, enseguida pierden los padres para que gane el niño, pero cuando gana el niño ganan los padres.

Pero ya no gana solo el niño o solo un padre, gana toda la familia, entonces es una dinámica completamente diferente a cuando los adultos se enfrentan y pasan por encima o utilizan a los niños para poder conseguir su propio beneficio.

¿Si pudieras que hacer algo diferente lo harías?

No, si hay una mirada de equivocación frente a lo que sucedió no podría ser la mujer resiliente que soy hoy. Hay algo que fui aprendiendo que es tomar la vida tal cual fue con lo fácil y con lo difícil, eso a mí me aporto paz y sabiduría.

Como dice Shinoda Bolen el “hubiera” no es un verbo que debería existir en la mujer, porque es el hacer y en el hacer hay una caída y un levantarse, hay un movimiento y ese movimiento es el que te hace estar vivo, estar en plena enseñanza y aprendizaje.

¿Escribir nació de vos o fue algo impuesto?

La escritora nace en mi desde muy chiquita y en la historia me vi arrojada escribiendo, escribiendo, escribiendo, eso que escribí fue formando libros. Siempre digo que escribir fue una forma de no morir.

También fue necesario para dejar una memoria. Escribir algo y entregarlo es un acto generoso, es entregar la labor a través de la historia.

Lo hice para que todo padre, toda madre, todo hijo pudiera encontrar en esta historia herramientas, palabras, que no se sientan solos y que sepan que hay un camino por desarrollar, que hay una solución a encontrar y es algo que va produciéndose con el tiempo no es algo que llega inmediatamente.

¿De qué se trata tu último libro?
Mi último libro es un libro-taller, va completamente a otro nivel, que es donde me encuentro ahora, que no es pararme desde la historia, sino que me paro desde algo a decir que puede despertarte, potenciarte y puede ayudarte a encontrar tu talento, los principios fundamentales que nosotros como seres humanos los tenemos dormidos y que están ahí para ser tomados y a partir de esos principios uno pueda realmente estar en plenitud, llegar a la armonía.

Se llama Al Encuentro del Corazón, y desarrolla claramente el encuentro entre el hombre y la mujer que es algo que nos está costando muchísimo como sociedad; cómo debemos encontrarnos es algo que tenemos que estudiar e investigar.

En este libro-taller hay toda una labor, todo un camino a desarrollar junto con el hombre, con la pareja, con los vínculos, con los hijos, con la vida y con la muerte.
El libro te invita a que te vincules con la muerte porque la muerte es muy importante en el ciclo de la vida, si no lo tenés incorporado en tu vida sentís que te vas muriendo, cuando vos tomas la muerte sentís que estás renaciendo.

¡Qué tema!

¡Es un tema si! Porque nosotros le tenemos mucho miedo a la muerte y la muerte en realidad es el vínculo con la vida, por antonomasia y por antagonismo te vincula con la vida.

Por ejemplo, con todos estos desastres naturales, recientes, todos inconscientemente abrazamos nuestra casa, nuestras pertenencias porque sentimos y vimos la cantidad de millones de personas que han perdido sus casas, su familia, entonces frente a una enfermedad, un despido, una muerte una tragedia estamos llamados a reivindicar la vida.

Podés tomarla o dejarla, podés victimizarte y dejarte morir, no tomar ninguna acción de vida frente a eso. Es una llamada a tomar la vida…

Y es ser resiliente…

La resiliencia es alquimia suficiente, te dejas fluir por la vida, es un acto de fe el que vos hacés con la vida.

Son cosas que fui comprendiendo experimentando con mi historia hacías nuestros hijos y poder hoy estar todos en familia y en paz.

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