Viernes 20 , Octubre de 2017

El equilibrio entre oriente y occidente  (la historia de Soher El Sukaria)

(Por Mónica Nahás) Soher El Sukaria es abogada, cuenta con una Maestría en Relaciones Internacionales, es miembro de COMIPAZ. Trabaja por la integración, y por la equidad de las mujeres. Hija de un líder religioso musulmán visionario que le inculcó a sus hijos el deseo de superación y de estudio.

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Soher naciste en el Líbano y llegaste a Córdoba cuando eras muy chiquita, pero ¿vos decís que te sentís Argentina?

Así es, básicamente mi cultura, mi idioma, mi forma de ser es argentina; tengo un gran caudal de la culturas árabe dado que mi religión es musulmana. Mi padre en Córdoba desarrollaba el rol de obispo de mi comunidad, de la mano de todo eso puedo decir que soy argentina de religión musulmana.

¿Sentís o has sentido discriminación por esto?

Si, en algún momento se sintió más, creo que fue en el momento previo a la globalización. Hoy con las redes sociales, con internet creo que abre un acceso directo al conocimiento mucho más palpable; por supuesto que en las redes hay todo tipo de información, pero las redes, el acceso a canales internacionales de televisión y a leer diarios de todo el mundo creo que ayudó. En Argentina, que es un país de inmigrantes, tenemos que tener la cabeza más abierta.

Imagínate que sirio libaneses fue la tercera corriente migratoria, después de los españoles e italianos, si bien la mayoría eran ortodoxos vinieron muchísimos musulmanes que se instalaron y viven en paz en Argentina. Venían como todos a “Hacer la América”, así  decían ellos.

Argentina es de los países de Latinoamérica donde se vive, no solo se habla, sino que también se vive del diálogo y la cooperación interreligiosa, eso no lo ves en otros lugares y empezó en Córdoba con el COMIPAZ.

Hay muchas más cosas que nos identifican y nos hacen cercanos y queribles a la gente que las cosas que pueden hacernos discriminar. La discriminación viene de la mano del desconocimiento, cuando uno empieza a conocer ya no tiene por qué discriminar.

¿Cómo llegas a la política?

Fue a través de la invitación de unos amigos para participar de un nuevo proyecto, un nuevo partido político. Y la verdad que lo que más me convenció fue la falta de oportunidades que se estaba dando en Argentina. Soy Profesional, mi sueño era trabajar en una cancillería, aunque fue infructuoso.

Siempre pensé, pienso y hoy confirmo que Argentina tiene algo que no tienen muchos países que es la posibilidad de educarnos. Una educación de alta calidad en la universidad pública. Quizás si no hubiera sido así no hubiera podido estudiar derecho. Lo que realmente quería era estudiar Relaciones Internacionales, pero esa carrera solo está en la universidad privada y realmente no podía pagarlo, entonces para mí el desafío era estudiar derecho y después hacer un posgrado o una maestría.

Pero eso te lo da Argentina y no muchos países del mundo te brindan esas oportunidades.

Cuando me recibí tuve la oportunidad de irme a trabajar afuera, pero me parecía injusto no devolverle al país lo que el país me dio, desde mis abuelos maternos, mi padre y a mi misma.
Bueno cuando gané una beca para hacer una maestría en España, ahí vi, como en Estados Unidos, que viajé muchas veces por mi trabajo interreligioso, vi que también es posible una tierra de oportunidades entre iguales. No todo lo que vivíamos en Argentina tenía porque ser así. Entonces para cambiar esa realidad y para que todos tengan acceso para cumplir nuestros sueños, metas y desafíos hay trabajar por ello y el primer paso era armar un partido político.

¿Qué aprendiste en tu experiencia en COMIPAZ?

Con el COMIPAZ me pasaron cosas que cambiaron mi vida para siempre, una fue haber sido elegida en Naciones Unidas coordinadora para Latinoamérica como Joven por la Paz y en esa posición me llevó a mediar en conflictos internacionales, en Filipinas por violencia de género; en Kenia mediar porque los jóvenes se mataban entre sí para derrocar un presidente, en EEUU en conflictos interculturales, y en Centroamérica militando contra las armas pequeñas y livianas.

¿Para vos el rol de la mujer en la política es más difícil?

Si, es muy difícil, sobre todo conviviendo con partidos tradicionales. Creo que en esos partidos aún no se ha dado esa democratización de la participación de la mujer en la política, con todos los defectos que puede tener un partido nuevo, desde que se creó este partido siempre el liderazgo fue acompañado por una mujer, cree en las mujeres y apuesta a las mujeres.
Falta hacer mucho y faltan mujeres en muchos espacios como en la educación, las empresas o en la política, en lugares de decisión para que las mujeres nos podamos sentir más respaldadas.

¿Por qué te inclinaste en ayudar a las mujeres desde tu lugar en la política?

Porque creo que las mujeres somos las que más dificultades tenemos, puede que sea por una cuestión de actitud, porque queremos hacernos cargo de todo y resolver todo.
Cuando no funciona la salud, la educación, los programas de ancianidad las primeras que somos partes, víctimas de esa situación y queremos solucionarlo somos las mujeres, casi el setenta por ciento de las mujeres somos jefas de hogar, quienes sostenemos el hogar. Eso no es casualidad, cuando un hijo, un abuelo o un vecino sufre, nosotras sufrimos.

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