Escudo fiscal: la estrategia del campo para reducir el pago del impuesto a las Ganancias

Se logra por haber incorporado un gasto deducible en la cuenta de resultados. Por qué estiman que será fundamental para la próxima campaña agrícola y qué otros sectores pueden aplicarla.

LARA LÓPEZ CALVO

El escudo fiscal es una estrategia de financiamiento que la pueden aplicar todos los sectores productivos que realizan inversiones con toma de deudas bancarias. El acceso a préstamos para solventar gastos les permite ahorrar una parte de lo que deberían pagar de impuesto a las Ganancias.

De acuerdo a una investigación de la Oficina de Presupuesto del Congreso (OPC) las empresas en la Argentina soportan una excesiva presión fiscal, en algunas actividades deben afrontar el pago de hasta 41 impuestos entre el gobierno nacional, provincias y municipios.

En particular, la última publicación de la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR), junto a un análisis reciente del centro de agronegocios y alimentos de la universidad Austral, señalan que en el negocio agropecuario un 52% de los productores tienen como mayor preocupación la incertidumbre política, las retenciones y el aumento de impuestos.

En este contexto, este concepto toma especial relevancia. "La omisión de concepto de escudo fiscal (o tax-shield) al momento de evaluar una decisión de financiamiento o de inversión puede llevar a determinar costos financieros erróneos, principalmente en contextos de alta presión impositiva", detalla la BCR.

 El escudo fiscal puede ser utilizado no sólo por el sector agrícola, sino por cualquiera que tenga vistas en realizar inversiones productivas y hagan uso de préstamos para solventar los gastos asociados.

"Esto es así debido a que los intereses de deudas financieras son deducibles en su totalidad en el Impuesto a las Ganancias, cosa que no sucede cuando se utiliza capital propio para financiarse", señaló Iván Sasovsky, socio fundador y CEO de Sasovsky & Asociados.

El 47% de los productores agroindustriales argentinos paga sus insumos al contado y el 53% adquiere financiamiento externo, dentro de los cuales un 40% es canje y, un 37 % cheques diferidos o tarjetas agro, según las proyecciones del Ag Barometer de la Universidad Austral.

"Puede obtener un doble efecto si se utiliza esa deuda para adquirir bienes de uso amortizable, ya que la desvalorización o amortización que sufren período a períodos estos bienes es considerado un gasto deducible y, por ende, reduce la base imponible del gravamen", concluyó el especialista.

 

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