La historia de Electrodos Córdoba (una empresa familiar que sabe crecer): primeros pasos, cambio de nombre y lo que se viene

(Por Redacción IN) Llevan 37 años en el mercado. Hay dos valores que los identifican: transparencia y capacidad de trabajo. 

La historia de Electrodos Córdoba (en sus inicios Indagro), precursores en ferretería industrial, empezó en 1985. Sus primeros pasos están profundamente ligados a la relación de un padre y su hijo mayor, que además llevan el mismo nombre: Miguel Ángel Lapolla (74) y Miguel Ángel “Pato” Lapolla (51).

Todo comenzó con la venta de algunos insumos vinculados con la soldadura y la seguridad industrial, en el local de calle República de Siria de Río Segundo donde aún hoy está la ferretería. Además hacían el reparto de gases de oxígeno. 

“Tenía 14 años cuando empecé a trabajar con mi viejo”, dice Pato, que paralelamente cursaba la escuela secundaria. Y agrega: “Salía del colegio y me iba al local. Estaba todo el día metido ahí, igual que ahora”. 

En ese tiempo vendían el gas en la región. Por distintos motivos vieron que no iban a poder vivir solo de eso y pensaron en expandirse dentro de la ferretería. “Lo hablé con mi papá y él estuvo de acuerdo, aunque prefirió que al proyecto lo encarara yo”, recuerda Pato.

La explicación de por qué su padre no se involucró puede encontrarse, al menos en parte, en sus problemas de salud. “Aun así me dio todo su apoyo y confianza”, destaca su hijo, que entonces apenas tenía 18 años.

Al poco tiempo ya habían sumado bulonería y rodamientos al local. El movimiento empezaba a incrementarse, pero aún convivían con altos y bajos. 

En ese momento, y en nombre de la diversificación, también tenían flete, que luego derivó en transporte. Don Miguel Ángel estaba abocado a esto. “Un día lo llamé a mi viejo dos o tres veces para preguntarle algo de la ferretería y él estaba en otra cosa. Ese día me di cuenta que me podía hacer cargo solo del negocio”, dice Pato, marcando un antes y un después en su rol dentro la empresa.

1996: nuevos rumbos 

El reparto de gas los había hecho conocidos en el departamento Río Segundo. Y algunos de esos clientes alentaron a los Lapolla a abrir una sucursal de la ferretería en la ciudad de Oncativo.

Así fue que se embarcaron en ese proyecto. Buscaron el local, los empleados y abrieron la sucursal. Y les estaba yendo bien, pero los agarró el inicio de la crisis del 2001.

“Estuvimos tres años allá, pero por el contexto del país decidimos cerrar las puertas. Costó, pero lo tuvimos que hacer”, cuenta Miguel (hijo). 

Una de sus preocupaciones eran los dos empleados que tenían en el local. Y entonces, pese a la coyuntura, decidieron mantenerlos en la empresa. 

2003: el desafío de cambiar de nombre 

Sorteada la crisis de 2001 vino un momento bisagra para la firma. Una empresa nacional, que manejaba el negocio de gases y que además tenía una división de soldadura, decidió que iban a desprenderse de esta partición en todo el país, incluido Córdoba. Y los distribuidores, como los Lapolla, iban a tener que comprar en la casa central de Buenos Aires. 

“Le pedimos al gerente la posibilidad de revender estos productos localmente y nos propuso que tuviéramos la representación, hasta la cartera de clientes, pero la condición era que nos instaláramos en Córdoba y que cambiáramos el nombre”, recuerda Pato. Era 2002.

La familia Lapolla no quería mudarse a Córdoba, pero Miguel (hijo) lo quiso hacer, y allá fue una vez más. Sin cerrar el local de Río Segundo abrió otro en Córdoba, ahora bajo la nueva denominación: Electrodos Córdoba.  Algunos años después también el local de Río Segundo pasó a llamarse como el de la capital cordobesa, realizando una fusión de ambos negocios y manteniendo la planta laboral completa.

El comienzo fue en un local muy pequeño, pero a los pocos meses se mudaron a otro más cómodo y después pudieron hacerse su propio local en 2009, que funciona en Avenida Sabattini 2265.

El negocio de Córdoba fue, desde el inicio, una ferretería con perfil en soldadura, a diferencia del de Río Segundo que exigía variedad para poder crecer.

La nueva sucursal terminó de configurar la empresa familiar. A poco de abrir se sumó Cecilia, una de las tres hermanas de Miguel. Después Florencia, que es contadora, pero que en ese momento estaba estudiando, y finalmente Virginia, que es licenciada en Administración de Empresas con orientación en Marketing. Ahora trabajan todos juntos. 

Con el tiempo crecieron. Actualmente tienen un plantel de 24 personas (algunos con más de dos décadas dentro de la empresa) y cuentan con varios vehículos vendiendo en la calle, abarcando gran parte de la provincia y ofreciendo el servicio de reparto de la mercadería. En Córdoba capital atienden al sector autopartista, al metalmecánico y también a la construcción. Miguel señala que estar en la calle fue una de las claves para crecer. 

Info pregunta, Miguel “Pato” Lapolla responde

¿Qué importancia tiene para ustedes el servicio al cliente?

Nuestra esencia es el servicio. Esto fue lo que nos ayudó a crecer en Córdoba. Tenemos muchos clientes gracias a esto.

Desafíos y logros

Cerrar la sucursal de Oncativo fue un momento duro. Otro de los desafíos fue dejar de llamarlo a mi viejo para preguntarle qué hacer. Y el desafío más grande fue irnos a Córdoba y relacionarnos con grandes empresas.

¿Cómo evolucionó la industria de la ferretería en los últimos años y cómo se adaptaron?

La industria ha crecido. Tenemos una ferretera industrial como complemento de la parte de soldadura. Tan es así que damos capacitaciones para soldadores. Estamos capacitando empresas y dando cursos de soldadores. Llevamos capacitados a más de 250 personas.

¿Tienen políticas enfocadas a la sostenibilidad o cuidado del medio ambiente?

Tenemos en marcha un proyecto para funcionar con energía solar. Estamos en el proceso. Está todo el proyecto listo. 

¿Cómo planean seguir creciendo?

Queremos avanzar con el área técnica, que implica un desafío grande vinculado con la tecnología y la robótica. 

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