Arranca el G20 con la expectativa de entrar en OCDE y sumar inversiones

Como anfitrión del foro de líderes, el Gobierno aspira a impulsar su agenda de inserción al mundo y recuperar la confianza de los mercados en el rumbo trazado

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Desde este mediodía, los líderes de las 20 economías más industrializadas y en desarrollo del planeta se darán cita en Buenos Aires para debatir acerca de los desafíos que enfrenta el sistema financiero y económico junto con los retos que impone la globalización, en un evento que el Gobierno se esforzó en plantear como "el acontecimiento más importante de la historia reciente" de la Argentina.

El presidente Mauricio Macri estará en el foco de la atención de las potencias reunidas en Argentina, en su rol de coordinador de los arduos debates que se esperan para dar un mensaje final a la comunidad internacional, y con el desafío de lograr consensos, así sean modestos, en momentos en que escalan las tensiones entre potencias y líderes.

Para ello, durante dos días de debates a puertas cerradas, los 38 jefes de delegación (entre los que se hallan los países miembro, naciones invitadas y representantes de organismos multilaterales) trabajarán para construir consensos a partir de los acuerdos logrados en las más de 80 reuniones preparatorias del G20, que es a fin de cuentas un mecanismo de coordinación informal entre los países que explican el 80% del PBI mundial. El objetivo es alcanzar un documento final con foco en el desarrollo equitativo y sostenible.

La Argentina ingresó a la conducción del G20 (troika) a comienzos del 2017 y asumió la presidencia un año atrás, luego de proponer un debate amplio sobre cómo construir consensos para un desarrollo justo y sustentable, y enfocándose en debatir mecanismos para asegurar la llegada de inversiones para obras de infraestructura, encarar los cambios necesarios en el mercado laboral de cara al futuro, y lograr "un futuro alimentario sostenible".

Desde que esa agenda fue planteada, el escenario internacional y local se vio ensombrecido por el inicio de una escalada entre los Estados Unidos y China con la imposición arbitraria de aranceles a las importaciones, que viene afectando el comercio internacional y, junto con la suba de tasas en el mercado del norte, desalentó la llegada de capitales a los mercados emergentes, entre ellos la Argentina, que en parte por factores exógenos y "errores propios", admitidos por el Gobierno, debió sepultar el "gradualismo" y recurrir al Fondo Monetario Internacional (FMI) por un auxilio financiero.

A este escenario económico complejo, se suma la reciente agresión de Rusia hacia naves ucranianas y la militarización del estrecho de Kerch, criticado por la comunidad internacional, y el asesinato del periodista Jamal Kashoggi en el consulado de Arabia Saudita en Estambul, por el que se señala al príncipe heredero del reino suní, Mohammad bin Salman, presente en la cumbre.

A pesar de todo esto, el Gobierno confía en explotar al máximo la escena internacional y escalar en la consideración de las delegaciones y del sector privado en busca de más inversiones, a la vez que confía en dar un paso más en su objetivo de lograr que el país sea aceptado para iniciar el proceso de accesión a la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE). De haber un anuncio al respecto, la Argentina podría mejorar su calificación de riesgo y ser un destino más atrayente a los capitales ociosos.

Las deliberaciones que durante estos días vienen manteniendo los representantes políticos de cada delegación (sherpas) anticipan discusiones acaloradas entre los líderes, lo cual pone difícil el objetivo del Gobierno argentino de alcanzar un documento conclusivo más breve que el de la cumbre anterior, celebrada en julio en Hamburgo, y con un lenguaje elusivo de la confrontación. Los gobiernos comprometidos con la visión de un mundo gobernado por reglas y regulado en sistemas multilaterales, con Francia, Alemania, el Reino Unido y la Unión Europea a la cabeza, no parecen dispuestos a ceder frente a las posiciones bilateralistas de Trump.

En el Gobierno confían que sea en Buenos Aires donde las potencias globales reconsideren sus posiciones y reafirmen, más allá de sus posiciones, la necesidad de descomprimir tensiones y dar un rumbo claro hacia dónde va un mundo repleto de tensiones.

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