Viernes 13 , Octubre de 2017

El Ieral dice que la explosión de paros y piquetes no se explica por caída salarial ni por suba de pobreza

"La conflictividad del último período es mayor a la que podría explicarse por variables sociales", esa es la conclusión de un estudio del Instituto de la Fundación Mediterránea. Marcelo Capello y Gerardo García Oro arriban a ella comparando 2016 con 2015 y 2014 en cuanto a pérdida de poder adquisitivo de los salarios y crecimiento de pobreza. Un informe que aporta datos estadísticos al debate del momento.

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Si se suma la caída del salario real en 2013 (-1,3%) y la de 2014 (-6,1%), año de la devaluacion de Kicillof, el porcentaje se acerca a la pérdida de poder adquisitivo de los salarios registrada durante la recesión de 2016 (-7,6%), año donde impactó la devaluación de Prat-Gay.

En tanto, entre 2013 y 2014 la tasa de pobreza se incrementó en 2,7 puntos porcentuales, mientras que en los últimos datos de 2016 no hay diferencias con 2015, luego de un pico de 32,2 % de la tasa de pobreza en el arranque del año pasado.

Sin embargo, la conflictividad social del año pasado supera ampliamente a la reinante en 2015 y 2014 si se tienen en cuenta determinadas variables sociales, de acuerdo al informe presentado por los economistas del Ieral.

Con caída de salarios similar y datos de pobreza levemente por encima de los años comparados sorprende que los indicadores de conflictividad laboral de 2016 muestren un significativo incremento respecto de 2015 y 2014.

Desde el Ieral tomaron algunos datos objetivos para comparar, y esto encontraron.

"En el ámbito privado, las jornadas individuales no trabajadas, para el tercer trimestre de cada año, pasaron de 190.500 en 2014 a 90.500 en 2015 y 235.900 en 2016. En tanto, en el sector público, siempre para cada tercer trimestre, las jornadas individuales no trabajadas pasaron de 1,4 millones en 2014 a 1,0 millón en 2015 y 2,8 millones en 2016", explica el informe.

El informe no concluye qué variables son las que hicieron que paros y protestas crecieran abultadamente el año pasado. Sí demuestra que la relación entre algunas variables (pérdida poder adquisitivo, pobreza) no explica el abrupto salto que -en el caso del sector público- duplica al de 2014. (GL)

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