Martes 26 , Septiembre de 2017

Flex: la bomba de tiempo que hace tic-tac dentro del sector automotriz argentino (¿2,5 en vez de 1,5?)

El tema es así: en el marco de los acuerdos comerciales con Brasil, las filiales argentinas de las empresas automotrices (productoras en Mercosur) pueden importar hasta US$ 1,5 por cada US$ 1 que exporten, tomando todo el período comprendido entre julio/15 y junio/20.
Las autopartistas locales dicen que el gobierno no vigila el proceso y que hoy esa relación está en 2,5 a 1 (con la consiguiente pérdida para las pymes locales). Queja -también- por las “aduana factoría”.

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Cabrera (de celeste) estás rodeado. Empresarios de la CIMCC plantearon sus quejas al ministro de Producción.

El sonriente ministro Francisco Cabrera se llevó de Córdoba un largo rosario de quejas tras su visita de la semana pasada. 25 empresas autopartistas locales plantearon lo que consideran una muy peligrosa tendencia en el coeficiente Flex que regula el intercambio: sus números indican que la relación está 2,5 a 1 (o más aún) en los últimos meses.

Si bien el balance final se trazará en tres años, los empresarios locales que abastecen a las automotrices temen que la cuestión se desmadre. Para la Cámara de Metalúrgicos esta coyuntura (acentuada por la crisis en Brasil que disponibiliza stocks desde aquel país) “ impacta negativamente promoviendo la desnacionalización de un número creciente de piezas locales que están siendo reemplazadas por piezas importadas”.

En el mismo sentido, Cabrera escuchó planteos sobre las “aduana factoría”, un régimen de admisión temporaria que -dicen- en la práctica permite que “las grandes empresas puedan importar sin pagar aranceles, situación que se repite en sus exportaciones”.  

En concreto, las empresas locales piden mayor control gubernamental a las terminales. Aunque los números son privados entre el gobierno y cada terminal, en el sector se dice que hay tres que son las peores del grado en el Flex: Renault, Peugeot y Honda; un lote que está complicado pero no tanto (Fiat y General Motors) y tres que hacen mejor los deberes (Ford, VW y Toyota, esta última, la más prolija).

El tema es que cuando una o varias importan mucho con Flex arriba de 1,5, meten “presión competitiva” a las restantes que también son empujadas a mejorar sus precios con distintas formas de “contabilidad creativa”.

Los empresarios escucharon del ministro un compromiso para controlar el Flex y políticas activas para traer a Córdoba una fábrica de motores que potencie el entramado autopartista.

En el fondo, la distorsión en el Flex tiene origen en alto costo argentino que involucra desde presión tributaria a costos laborales, incluyendo aquí salarios pero también la histórica litigiosidad muy alta en el país.

Y la cosa pinta peor (informe Abeceb)
La reforma laboral recientemente aprobada en Brasil aumenta el desafío de competitividad en Argentina, dice un reciente informe de Abeceb.

"El país acumula un rezago competitivo con nuestro vecino producto en gran medida de la diferencia existente en términos de costos laborales, tanto aquellos vinculados al salario como otros que no (ausentismo, vacaciones). Este diferencial se ampliaría con la nueva reforma, principalmente en sectores transables y mano de obra intensivos", analiza la consultora.

Por ejemplo, el costo de indemnización en nuestro país es 2,5 veces más caro que el de Brasil: aquí promedia las 23,1 semanas de salarios, mientras que en Brasil totaliza 8,9 semanas.

Si se analiza algunos sectores de gran intercambio entre los dos socios, el diferencial de costos asciende al 25% en el de maquinaria agrícola, al 35% en el sector automotriz y llega hasta el 50% en el calzado.

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