Bahía (Brasil)

(Especial El Galeón) Carnaval, mar, historia y religión se conjugan en uno de los estados brasileños más conocidos. Con el litoral más largo de Brasil, las opciones para conocer y entregarse a sus recorridos turísticos son infinitas.

Texto: Lorena Riera/ Enviada especial. Fotos: gentileza Embajada de Brasil.

El estado de Bahía se ubica al noreste de Brasil y se destaca internacionalmente por sus edificios coloniales, playas y su famoso carnaval. Llegamos a Salvador, la capital bahiana, y decidimos salir a recorrer la ciudad de grandes artistas de la música, como Caetano Veloso, Gilberto Gil y Daniela Mercury, y de la literatura, como Jorge Amado, entre tantos otros. En cada esquina puede palparse la riqueza cultural e histórica de una ciudad que funcionó como la primera capital de Brasil y fue punto clave para el arribo de los portugueses. Eso explica la gran influencia africana en los monumentos, iglesias y casas coloniales. Entonces, preparamos la máquina de fotos, colocamos protector solar en nuestro rostro (los 32 grados no se hacen pesados por la brisa que corre) y empezó el paseo.

Todo lleva al Pelourinho
Una característica única de la capital bahiana resulta que está dividida espacialmente en dos: ciudad alta (barrios en las laderas, ya que la ciudad se formó en una inmensa colina) y ciudad baja (fuertes, aduanas y monumentos cerca del mar), ambas se comunican por un ascensor gigante de 72 metros en el medio de Salvador. Este ejemplar de ingeniería y arquitectura del año 1872 es parte del paisaje y contrasta con la vista panorámica del océano y los edificios coloniales.
Las pintorescas calles del centro histórico, conocido como Pelourinho, muestran lo que podríamos definir como una belleza antigua. En esta parte de Salvador llegaban los esclavos africanos y trabajaban para los portugueses en las construcciones de templos, iglesias, conventos, casonas, fuertes, etc. Esto explica, por un lado, que sea el estado brasileño con el mayor número de negros y mulatos, y por el otro, que su cultura tenga características mezcladas del pueblo portugués y africano.
La sensación de que estábamos en el siglo 16 era palpable. Rodeados de iglesias barrocas, monumentos, casonas, que antiguamente pertenecían a los dueños de las plantaciones de azúcar, y las típicas calles empedradas que permiten detenerse a observar y admirar los balcones y paredes coloridas, nos rememoraban la arquitectura típica colonial. El último detalle que hacía falta para sentirnos en la antigua ciudad portuaria eran las típicas negras y mulatas bien caderudas vestidas de blanco con sus enormes polleras largas acampanadas y especies de turbantes. Ante la consulta del por qué de tan pintoresca tradición, nos cuentan que el cuerpo de las mujeres africanas siempre fue con exuberantes curvas que las patronas blancas obligaban a cubrir con estas ropas. Cualquiera puede acercarse y sacarse una foto, pero luego hay que dar una colaboración.
Es tal magnitud del legado cultural que puede admirarse en el Pelourinho, existen más de 800 edificios de los siglos 16 y 18, que fue declarado Patrimonio Histórico de la Humanidad por la Unesco en 1985.
Algunos de los edificios que decidimos visitar fue la Iglesia de San Francisco de Asís, construida en el siglo 18 por los esclavos negros en madera, yeso y mil kilogramos de oro traído de Minas Gerais. Los africanos tallaban, modelaban y construían pero no podían ingresar a la iglesia a rezar, entonces hicieron su propio templo, la iglesia Santa María de los Negros. Luego, alejándonos unas cuadras llegamos a una casona colonial que funciona como museo de Jorge Amado (creador de Doña Flor y sus dos maridos); a la Plaza da Sé, gran punto turístico, y al Mercado Modelo, un caserón enorme donde era la antigua aduana. Ubicado enfrente al ascensor, hoy se desarrolla una feria multirubro.

Maya, protector solar y ojotas
Ya conformes con la cuota de recorrido histórico y cultural, aunque quedara bastante por conocer -en Salvador hay tantos monumentos, muchas (pero muchas) iglesias y fortalezas, que se podría hacer turismo exclusivamente para conocer la parte colonial de Bahía- decidimos “hacer playa”. Salvador tiene 50 kilómetros de playas accesibles tanto para los habitantes como para los turistas. Las mejores están saliendo de la ciudad, hacia el norte, por la llamada ruta de los Cocoteros que bordea la costa. La elegida fue Praia do Forte, a unos 65 kilómetros de la capital bahiana, un pequeño pueblo conocido mundialmente por un proyecto de preservación ambiental y de las tortugas marinas. Recorrimos el parque, vimos ejemplares de diferentes especies expuestos en los acuarios y tocamos un tiburón lija. Para reponer energías decidimos sentarnos a disfrutar del atardecer bebiendo una tradicional caipiriña.
Al día siguiente, tomamos un catamarán que sale del muelle frente al Mercado Modelo y partimos a Morro de São Paulo. Luego de dos horas navegando, llegamos a la localidad ubicada en una punta de la Isla de Tinharé, parte de un archipiélago. Lo primero que se divisa son pequeñas montañas cubiertas de vegetación que, luego nos damos cuenta, protegen la pequeña localidad. Al equipaje lo trasladan hasta el hotel jóvenes (muy bien organizados) en carretillas, porque en Morro no hay ningún tipo de automóvil. Es un pueblo peatonal, sólo hay un Jeep-tractor para moverse hasta los hoteles y lugares muy alejados. La sensación es maravillosamente liberadora: pequeñas callecitas sin vehículos y el silencio interrumpido sólo por música y el sonido del mar.
Al bajar de la embarcación atravesamos un colonial portal del siglo 17 que anuncia la entrada al lugar, subimos una lomada bastante empinada y llegamos al pueblo con calles de arena (nos tentamos de andar descalzos). Quien nos guiaba nos llevó directamente a refrescarnos con un jugo de frutas tropicales y a disfrutar del atardecer, lo cual -luego nos daríamos cuenta- es un ritual de Morro. Parecía que el sol fuera poco a poco pintando el mar y dando tiempo para que nuestra ansiedad de estar en un nuevo paraíso disminuyese. Verdaderamente, un momento para disfrutar de nuestra sensibilidad, escuchar nuestros pensamientos y olvidar el concepto “tiempo”.
Lo primero que divisamos fue una pequeña iglesia de una sola torre y, luego de caminar unos metros, la plaza desde donde comienza el camino que lleva a las playas, llamado por los lugareños “la Broadway”. Esta “avenida” de arena es bien angosta y está llena de locales comerciales, pizzerías, barcitos simples y por la tarde aparecen puestos que venden deliciosos jugos de frutas (mango, maracujá, cajú, uva, etc.).
Morro de São Paulo tiene kilómetros de playas, muchas vírgenes aún, pero las ya conocidas las dividieron en cuatro, puesto que son muy diferentes entre sí. La Primera Playa está llena de bares, posadas y albergues de distintas categorías. La Segunda ofrece las playas con más movimiento, hay barcitos y algunos locales comerciales que dan al mar; es una de las más buscadas. La Tercera Playa, más alejada y angosta, muy buscada por aquellos que quieren bañarse tranquilos. Quien gusta de caminar sobre la arena y disfrutar del agua, puede hacerlo uniendo a pie las tres playas. La Cuarta se encuentra bastante más lejos del centro de Morro, por eso tiene algunas posadas aisladas. Tercera y Cuarta son las más tranquilas.

Tierra de carnaval
Por una semana completa, la ciudad de Salvador es invadida por más de dos millones de personas que llegan a las calles con alegría, música y colores. Según el libro Guinness de los Récords, el carnaval de Bahía es la fiesta popular a cielo abierto más grande del mundo. Está organizado en tres circuitos distintos que suman en total 25 kilómetros. Hay distintos Blocos, grandes grupos de gente tocando tambores que acompañan al Trío Eléctrico (bandas con artistas locales –Daniela Mercury, Ivete Sangalo, Chiclete com Banana- que van sobre camiones equipados con sistemas de sonidos muy potentes). Este evento popular resulta un ejemplo más de que Bahía es una mezcla de religiones, de sincretismo y riqueza cultural únicos.

HOJA DE VIAJERO
La mejor época para ir:
Todo el año, excepto junio y julio que son épocas de lluvia.
Requisitos migratorios:
DNI, cédula federal o pasaporte actualizado.
Paseos:
La playa Stella Maris es una buena a 45 minutos de Salvador. La fortaleza Monserrat permite disfrutar del atardecer en la capital bahiana, incluso hay un restaurante cerca del mar para degustar comidas típicas. De noche hay espectáculos nocturnos con cena y típicos bailes folclóricos bahianos, cuesta 105 reales con cena libre y derecho al show, sin bebida. Para vivir el carnaval desde uno de los blocos, el precio es de 250 reales por noche.
Compras:
Se encuentran las artesanías en tejido que se pueden conseguir en distintas partes de Brasil. Sin embargo, el típico recuerdo son las muñecas bahianas en miniaturas.
Comidas:
En las calles de Salvador se consigue para refrescarse las vitaminas (licuados), jugos de frutas y el plato típico de Bahía, el bolinho de acarajé, especie de bollo de harina de poroto frito en aceite de dendé que puede estar relleno con distintos ingredientes, el más grande cuesta cinco reales. Variados platos a base de pescados y frutos de mar. La típica moqueca del noreste brasileño pero con aceite de dendé, marca registrada de Bahía.
Alojamiento:
Hotel cuatro estrellas (single o base doble) desde 180 reales; hotel cinco estrellas, desde 300 reales (single o base doble).

TIPS Y CURIOSIDADES
-Acarajé es una comida que trajeron los africanos, no la consumían sino que la ofrecían a sus dioses. Es el equivalente a nuestros bollitos de pan para hacer sándwiches, ya que el acarajé se rellena con distintas preparaciones. En el año 2000, el oficio de las bahianas que lo cocinan fue declarado Patrimonio Cultural.
-Los esclavos que construían las edificaciones religiosas de siglos pasados no podían ingresar a los templos, ya que los portugueses afirmaban que ellos no podían rezar porque que no tenían alma.
-La vida nocturna en Morro de São Paulo es bastante intensa. Comienza en la plaza, donde la gente se concentra luego de la puesta del sol. Hay fiestas en la playa y hay tres discotecas, cuyos dueños son argentinos.

CONTACTOS
Códigos de área telefónicos:
Brasil: 55. Salvador: 71. Morro: 75.
Hospital de Urgencia:
Tels. (71) 3395-8322/ 9090/ 5719.
Policía:
Tel. 193.
Internet:
www.bahia.com.br; www.morrodesaopaulobrasil.com.br

Más datos:
Centro de Atención al Turista
Embajada del Brasil en Argentina
Cerrito 1350. Entrepiso. Buenos Aires.
Tel. (011) 4515-2400. Fax. (011) 4515-2403
E-mail: turismo@embrasil.org.ar
Internet: www.brasil.org.ar

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