Bacar presentó su nuevo servicio de vigilancia aérea mediante drones, que se integra a la unidad de negocios de seguridad privada de la compañía. La propuesta llega para complementar los dos pilares históricos de la firma: la seguridad física (el vigilador en un ingreso o haciendo rondines) y la electrónica (cámaras, sensores, alarmas, cercos perimetrales y monitoreo).
"El dron viene a sumarse y complementar ese blindaje de seguridad, y hace una mirada 360 para la industria, para la empresa, para las fábricas", explicó Alejandro Sánchez, responsable de Desarrollo Comercial de Bacar.
El diferencial: los pilotos
Aunque el uso de drones se popularizó en todo el mundo, en seguridad privada no cualquiera puede operarlos. Se trata de equipos pesados, con requerimientos específicos, y quienes los tripulan necesitan una habilitación formal. "Si yo soy un empresario y tengo alguien de sistemas en mi empresa, quizás sepa volar drones, pero no tenga las habilitaciones para hacerlo en materia de seguridad. Ahí es donde Bacar sale a dar una solución al mercado", sostuvo Sánchez.
Hoy la compañía cuenta con un equipo de 6 pilotos habilitados y un encargado, todos con capacitación permanente. Los vigiladores se formaron como tripulantes de aeronaves remotas, rindieron una prueba práctica y luego obtuvieron la habilitación ante las entidades correspondientes. En otras palabras, al "ojo del vigilador" le sumaron el ojo aéreo. Un dato clave para escalar el servicio: cada piloto puede monitorear varios drones al mismo tiempo.
Cómo se contrata
El servicio admite dos modalidades. En la primera, Bacar coloca los drones y presta el servicio integral; si el día de mañana el cliente no lo quiere más, la empresa los retira. En la segunda, el cliente compra su propio equipo y Bacar cobra el pilotaje y el monitoreo. La cantidad de drones depende de la operatoria de cada planta, por lo que cada propuesta se arma a medida tras un diagnóstico.
Con un costo de alrededor de US$ 30.000 por dron, la mayoría de las empresas se inclina por la primera opción. Según estimaciones de la firma, el ahorro puede ir del 20% al 30% frente a un rondín con una persona y un móvil, ya sea moto, auto o camioneta.
También puede contratarse como servicio único, sin vigilador físico, aunque Bacar recomienda una cobertura híbrida. "El criterio humano nunca va a ser reemplazado. Pero lo que el dron te aporta en materia de velocidad, de visión nocturna, de disuasión, es algo que el humano no puede darte", resumió Sánchez. Lo ilustró con un ejemplo: a un vigilador con linterna se lo detecta a 200 metros de noche, mientras que el dron, con cámaras infrarrojas y térmicas, ve sin ser visto y a mucha mayor distancia.
El caso Corblock
La primera instalación quedó montada en la planta de Corblock, donde Grupo Bacar hizo la demostración del servicio. Allí opera un DJI Dock 3, la estación autónoma desde la que despega, aterriza y se recarga un Matrice 4TD. Es el modelo elegido para esta vertical, que la compañía implementa junto a HDT New Force como tech partner.
El sistema funciona sin intervención humana: en 13 segundos el dron está en el aire, listo para responder ante la alerta de un sensor, y los pilotos de Grupo Bacar lo operan a distancia desde la central de monitoreo. Tiene 49 minutos de autonomía y cámara térmica para distinguir personas a más de 400 metros en plena oscuridad. También cuenta con un parlante para emitir mensajes disuasivos en vivo y está preparado para operar con lluvia, nieve y temperaturas extremas. El dock puede instalarse de forma fija o montarse en una camioneta para recorrer distintos predios de un mismo cliente.
"Estamos entusiasmados por toda esta tecnología que estamos implementando. Nos da un diferencial en nuestros servicios", cerró Sánchez.