Cuando contamos por primera vez la historia de BircleAI, en octubre de 2024, la propuesta de José Romero Victorica, Marcos Lozada Freytes y Francisco Piantoni Vera era una plataforma de cobranzas donde la gestión estaba “100% basada en inteligencia artificial”. Dos años después, en un momento en que el entusiasmo inicial por la IA empieza a dar paso a preguntas sobre su efectividad real, los cordobeses defienden una idea bastante distinta: la IA sola no alcanza.
“Fueron dos años de mucho crecimiento y consolidación”, resume José desde la nueva oficina de la empresa. En números, pasaron de 20 a 23 clientes, una cifra que en frío parece modesta pero que para ellos refleja otra cosa: un modelo de negocio que se asentó. “Hace dos años un cliente capaz compraba la innovación, la novedad. Hoy lo que rige es la efectividad, la utilidad, las soluciones que realmente resuelven y funcionan”.
De plataforma a servicio
El cambio tiene un disparador concreto. Según el informe The GenAI Divide, publicado por el MIT en 2025, apenas el 5% de los pilotos de IA generativa en empresas logra un impacto medible en los resultados. “Con Marcos y Frank dijimos: nuestra empresa se dedica a revertir esa métrica”, cuenta José.
La respuesta fue dejar de pensarse como una plataforma y pasar a ser un servicio. “Hoy cualquiera puede hacer inteligencia artificial”, reconoce José. Por eso, desde enero de este año, Bircle opera la relación de las empresas con sus clientes: cobranza, ventas, atención y posventa. La IA pasó a ser la herramienta y no el producto. “Hoy, si ves, la marca es Bircle. La IA es un medio, no es el fin. Nuestra industria es el relacionamiento con clientes”, explica.
Con ese enfoque trabajan para Banco Santander, Banco Columbia, Natura, Prevención ART y Sancor Seguros, además de varios concesionarios de Córdoba.
El giro se nota también en el equipo. Cuando los conocimos eran unas 10 personas, todos desarrolladores. Hoy son 41 y el perfil es mucho más diverso: diseñadores de agentes, account managers, customer success, gestores de cobranza y un área de diseño conversacional que reúne lingüistas, especialistas en experiencia de usuario, una matemática aplicada y periodistas. “Es la gente que sabe realmente cómo tiene que hablar una IA con una persona”, dice José. Ese know-how acumulado les permite diseñar un agente y ponerlo en producción en dos días.
Humano en el loop
Bircle canaliza alrededor de un millón de conversaciones por mes, la mayoría resueltas por IA. Sin embargo, aseguran tener medido que los mejores resultados no aparecen ni con IA pura ni con gestión 100% manual, sino en el punto medio. “Tenemos clientes con solo IA, clientes con soluciones tradicionales y clientes que se paran en el medio, IA más supervisión humana, y esos tienen mejores métricas”, afirma José.
La explicación, para él, es simple: “La IA no sabe lo que es tener una deuda. Nunca estuvo en una fila de atención esperando que la atiendan. Las personas sí”.
Para eso crearon un nuevo puesto, el supervisor de IA. Su trabajo es intervenir cuando el propio sistema pide ayuda, ya sea porque no entiende una consulta o porque el cliente se enojó. El supervisor puede indicarle a la IA cómo seguir o tomar la conversación él mismo. Es lo que en la industria se conoce como human in the loop, un concepto que los socios defienden al punto de haber creado un podcast con ese nombre. “Somos una empresa que no cree en el reemplazo, sino en complementar el trabajo de las personas con inteligencia artificial”, resume José.
La métrica que ordena todo es la tasa de resolución autónoma, es decir, cuántas veces la IA resuelve sola el proceso. Que derive a una persona no siempre es un fracaso. En una refinanciación, por ejemplo, la IA puede hacer toda la gestión y escalar el caso a una persona cuando llega la parte legal. Y una regla no se negocia: si alguien pide hablar con un humano, tiene que poder hacerlo.
La otra regla es la transparencia. José cita el “valle inquietante”, el fenómeno por el cual un robot que imita demasiado a una persona termina generando rechazo cuando el usuario descubre que no lo es. “Desde Bircle, la IA siempre te va a decir que es una inteligencia artificial. ¿Va a sonar amena, con una muy buena voz? Sí. Pero la vas a elegir porque te resuelve el problema”.
Cobrar sólo si cobra
Para enseñarle a una IA a cobrar, razonan, primero hay que saber cobrar. “No podés tener un software de cobranza sin haber experimentado una cobranza, ni atender a los clientes de un banco enorme sin experiencia en atención”, dice Marcos. Por eso Bircle armó dentro de su estructura algo parecido a una agencia de cobranzas propia: una mesa con gestores y, al lado, otra con desarrolladores. “Se produce un círculo virtuoso: lo que pasa en la operación real alimenta el software”, explica José.
Esa confianza se trasladó al modelo de negocio. En 2024 cobraban una suscripción mensual más un variable por uso de IA. Hoy trabajan por resultado: la empresa paga solo si el sistema cobra, vende o resuelve. “El token pasa a ser irrelevante. El cliente no quiere saber qué es un token; quiere consultas resueltas, plata cobrada y ventas cerradas”, sostiene José.
La misma lógica aplicaron cuando Meta cambió su esquema de precios para WhatsApp: el equipo rediseñó los flujos de mensajes de cada cliente para que el aumento no se trasladara a sus facturas.
Certificaciones y expansión regional
En los últimos meses, Bircle obtuvo la certificación ISO 27001 de seguridad de la información y se convirtió en Meta Tech Partner, dos credenciales que, según Marcos, pesan a la hora de trabajar con bancos y grandes empresas que exigen estándares estrictos sobre el manejo de datos. “Hoy vas a un evento y en todos los stands dice bot, agente, IA. Ya es un commodity. La pregunta es qué métricas tenés y qué cuidado de datos le hacés a tus clientes”, plantea.
Hoy operan en Argentina, Chile y Ecuador, con la mira puesta en el resto de Latinoamérica. Pero advierten que cada mercado tiene su propia lógica. En Argentina, la mayoría de los clientes llega por cobranza, empujada por los niveles de mora, y después suma atención o ventas. En Chile, la normativa limita la cantidad de contactos semanales y los horarios en que se puede gestionar una deuda. “Tenés que conocer la idiosincrasia de la gente, los regionalismos. La expansión se tiene que nutrir de la operación”, dice José.
A nivel producto, el próximo paso es un sistema que se mejore a sí mismo, siempre con supervisión humana. La idea es que detecte el mejor horario de contacto o el mejor mensaje para abrir una conversación según el perfil de cada persona. “No es lo mismo escribirle a alguien de 80 años que a uno de 18”, ejemplifica.
Lo que viene
El foco comercial seguirá puesto en clientes enterprise, aunque no descartan atender empresas medianas con alto volumen de gestiones, ni desarrollar a futuro un producto “enlatado” para procesos acotados.
En 2024 habían cerrado una ronda pre-seed, y luego sumaron como inversor ángel y advisor a José Roberto Romero Victorica, padre de José, que viene del sector contact center y fue clave para incorporar la visión de servicio. Para 2027 no se cierran a una nueva ronda de capital, aunque no es la prioridad. “Somos una startup, pero con mente de empresa: tenemos los números ordenados y somos rentables”, concluye José.