“No es que ahora arrancamos con Google, la certificación es el resultado de un trabajo de años. Para que te des una idea, hace más de una década, cuando empezamos a enseñar programación, éramos el único instituto que figuraba en el mapa del MIT en Argentina”. Así sintetiza Sergio Logares, director pedagógico del Grupo Santo Domingo, el proceso que les permitió certificar como la primera Google Reference School de Argentina.
Con esta alianza, los niveles de educación inicial, primaria y secundaria de la institución pasan a formar parte de la red internacional de escuelas que trabajan con el ecosistema de Google for Education. Luciano Donadi, gerente general de la institución, comenta que conseguir el sello implicó una inversión cercana a US$ 50 mil dólares.
“Para nosotros había una definición estratégica. El cole nació con una mirada pedagógica desde la robótica y la tecnología, y es algo que venimos profundizando con lo que llamamos el desarrollo de ‘habilidades duraderas’. No sabemos qué profesiones van a existir en el futuro para los chicos que hoy estamos formando, pero sí qué capacidades necesitan desarrollar”, comenta Donadi. “Esta alianza es materializar lo que venimos haciendo y darle un impulso de la mano de una empresa de la jerarquía de Google”.
El proceso de certificación no se completó de la noche a la mañana. Las entidades educativas que desean integrar la red sólo pueden sumarse de la mano de un partner. El requisito más importante es la capacitación y certificación del equipo docente — pero, además, debe hacerse una actualización en infraestructura dado que Google pide el uso de sus computadoras Chromebooks en las aulas.
“Al alumno le da la posibilidad de trabajar con nuevas herramientas en un contexto en donde los docentes están alineados; donde tienen un respaldo pedagógico y tecnológico. Los chicos se suman a un ecosistema,” cuenta Logares. El especialista aclara que la certificación implica el uso de Google Workspace como entorno digital y destaca sus altos estándares de seguridad, algo crucial para que los chicos puedan integrarse al mundo digital sin exponerse.
“También nos permite un intercambio con otras escuelas que trabajan con la misma lógica. Hay cosas que podríamos hacer nosotros solos, pero cuando se integran estos ecosistemas, ganan todos,” suma Donadi.
La escuela del futuro: cómo prepararse para aulas con cada vez menos chicos
La estrategia educativa y la alianza con Google de Santo Domingo apuntan a brindar herramientas concretas a sus alumnos frente a un escenario incierto pero, en términos de modelo negocio, también contribuyen a diferenciar a la institución en un mercado que se contrae debido a la caída en la tasa de natalidad de Córdoba.
“Ya estamos viendo hoy el efecto que tienen en los niveles iniciales de muchas escuelas, con salas que se están reduciendo”, comenta Logares. “Yo creo que esa escuela masiva, general, a la que estábamos acostumbrados, va a empezar a hacerse más ‘electiva’”.
“Una escuela que tiene sobredemanda de estudiantes no tiene que preocuparse tanto por cómo organizar o mejorar sus procesos pasa a ser más elegible,” analiza. Y agrega: “Creemos que va a haber en los padres una mayor sensibilidad a la hora de elegir un proyecto de vida para su hijo. Y creo que ahí nuestra propuesta es muy clara”.
En ese sentido, para Santo Domingo, llevar los conocimientos a la práctica es uno de sus principales elementos diferenciales. “El sistema educativo tradicional fragmenta en materias las cosas, pero en realidad está todo mezclado, enlazado, y es mucho más complejo”, explica Logares. En ese sentido, una de las claves de su propuesta es el modelo de Aprendizaje Basado en Proyectos (ABP).
En el nivel secundario, por ejemplo, los alumnos de quinto y sexto año deben desarrollar una tesina en la que las materias de la orientación se planifican en conjunto para buscar la solución a un problema real. El objetivo es que conformen una empresa, construyan prototipos, calculen presupuestos y desarrollen un plan y sean capaces de “pitchear” estas ideas.
Desde hace dos años, las presentaciones finales de esas tesinas se hacen en las oficinas de Globant. “Terminan con un producto final que funciona y no solo una idea que ‘ojalá algún día se haga’”, detalla Logares. Y concluye: “Salen mucho mejor preparados que haber dado si hubieran preparado una lección de fisicoquímica”.
De 3 a 90 años: el desafío de enseñar IA y tech en todos los niveles
Aunque la certificación de Google alcanza solo al Centro Educativo, los pilares fundamentales de este modelo se extienden a las otras unidades de negocio de Grupo Santo Domingo. Cabe recordar que la entidad se completa con el Instituto Superior Santo Domingo —que desde 1994 brinda carreras de nivel superior—, y la Academia Santo Domingo, especializada en cursos cortos y formación en oficios.
Las tres unidades se han ido actualizando, pero probablemente la que está viendo cambios más profundos sea la Academia, que hace 40 años empezó dando mecanografía y hoy trabaja sobre lo que llaman “oficios aumentados”.
Para avanzar en esa línea, Santo Domingo convirtió la formación en Inteligencia Artificial en un requisito para todos los alumnos que forman parte de su ecosistema. “Todos los que ingresan a nuestras ofertas educativas tienen una primera capacitación y aprenden cómo usar la IA para estudiar”.
Con alumnos que van desde sala de tres hasta mayores de 90 años —y más de 100 mil egresados solo en la Academia—, desde Santo Domingo aseguran que su misión es crear un ecosistema que permita acompañarlos en cada etapa. Y aunque la tecnología ocupa un lugar central en la propuesta, Logares insiste en que es el medio y no el fin: “Por más que tenemos mucha ciencia y tecnología dando vuelta, y equipamiento y software y demás, nuestro objetivo es poner todo esto al servicio del desarrollo humano.”