El espectáculo que no fue (y la cuenta que sí llegó): quién cobra, quién pierde y cómo se cubre el riesgo cuando se cancela un show

(Por Rocío Vexenat) La cancelación de la primera noche del Festival de Doma y Folklore de Jesús María, ocurrida el 8 de enero por condiciones climáticas adversas, volvió a poner sobre la mesa una pregunta clave del negocio del espectáculo: ¿qué sucede puertas adentro cuando un show no se puede realizar?

Lejos de la reacción inmediata del público (entradas, reembolsos y enojo en redes), la suspensión de un evento activa una compleja red de cláusulas contractuales, costos operativos y coberturas financieras que definen quién pierde, quién espera y quién cobra.

Según explicó Carli Jiménez, productor, fundador de Universo Jimenez y referente del circuito de espectáculos, en el caso de los artistas nacionales los contratos suelen incluir cláusulas de fuerza mayor, que contemplan lluvia, tormentas eléctricas o una determinada cantidad de milímetros de agua caída. Cuando esas condiciones se cumplen, el show no se cancela definitivamente, sino que queda sujeto a reprogramación.

En ese escenario, el artista no devuelve el “cachet”, ya que la obligación contractual sigue vigente. “La fecha queda abierta a una nueva coordinación”, detalló Jiménez. Sin embargo, el impacto económico no desaparece: el productor asume la pérdida inmediata de viáticos, traslados, comidas y hotelería, gastos que deberán volver a afrontarse cuando se reprograme el evento.

La lógica cambia por completo cuando se trata de artistas internacionales. De acuerdo a Jiménez, en estos casos la reprogramación es prácticamente inviable, ya que los shows forman parte de giras cerradas y agendas que no se repiten. “Ahí no hay reprogramación: el evento se cancela”, explicó.

Para esos casos, los productores deben contar con un seguro contratado con aseguradoras internacionales, en su mayoría europeas (muchas de ellas suizas), que cubren la cancelación por fuerza mayor. Con esa cobertura activa, se procede a la devolución total de las entradas al público. Sin seguro, el riesgo económico recae casi por completo en la organización.

Otro punto clave que suele generar confusión es la lluvia. Tal como señaló Jiménez, no todos los shows se suspenden automáticamente por mal tiempo. Algunos contratos establecen expresamente que el evento se realiza bajo lluvia, y solo se cancela ante condiciones consideradas de fuerza mayor, como tormentas eléctricas o situaciones que comprometan la seguridad del público, los artistas o el personal técnico.

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