Abrir un negocio en internet en Argentina: los cuatro factores que nadie tiene en cuenta

Licencias, impuestos, empleados. Ser emprendedor no es fácil en ningún país y ciertamente en Argentina tampoco. Sin embargo, las puertas de internet están abiertas para todos y ofrecen una facilidad nunca antes vista para que cualquier persona pueda tener un "local comercial" de bajo costo, con vista al mundo entero, para ofrecer sus productos o servicios. 

Es la misma facilidad donde radica la dificultad y la razón por la que muchos proyectos se desvanecen antes de cumplir los seis meses. No por falta de talento, sino por ignorar aspectos invisibles, técnicos, estratégicos y operativos que definen el éxito o el fracaso. Aquí cuatro de los más ignorados. 

La velocidad de carga de la web, el costo invisible de la lentitud

La mayor parte de las personas que se plantean abrir un negocio en línea piensan primero en el diseño, el logo, el catálogo o los medios de pago. Pocos entienden que hay un factor más importante todavía que eso y es la velocidad de carga.

Aunque el sitio tenga las mejores fotos y una oferta irresistible, no servirá de nada si nadie se queda a mirarlo. Google es claro: si una página tarda más de tres segundos en cargar, más del 50% de los usuarios la abandona. 

En Argentina, el problema se agrava por un fenómeno técnico que casi nadie conoce cuando empieza, la latencia, esos milisegundos que tardan los datos en viajar desde el servidor al dispositivo del usuario. Como la mayoría de los servicios internacionales (AWS, Azure o Google Cloud) tienen sus servidores en Brasil o Estados Unidos, esos milisegundos extra se multiplican en Argentina.

Por eso, tener un hosting local o servicios de nube con datacenters dentro del país (como los de Wavenet Cloud Computing o proveedores TIER 3 en Buenos Aires) deja de ser un lujo y pasa a ser una ventaja estratégica para las pymes locales. Si el servidor está cerca, la web responde más rápido, el usuario navega más tiempo y la conversión sube. 

Servicios punta a punta, desde la compra hasta la última milla

Los emprendedores novatos en ecommerce creen que abrir un negocio online es “subir productos y esperar a que ocurra la magia”, pero el proceso no empieza ni termina en la tienda, sino fuera de ella. 

El viaje del usuario empieza con la toma de conciencia o conocimiento de la existencia del producto, que muchas veces se hace mediante una plataforma como las redes sociales. Continúa con el proceso de compra, donde entran en juego la robustez de la tienda, la confirmación del pedido, el procesamiento de pagos y la gestión automática del stock para evitar inconvenientes. 

Finalmente, llega el momento de hacer la entrega y en ese punto es muy importante contar con un aliado fuerte en la última milla, que permita hacer entregas a tiempo y resolver devoluciones sin desastre logístico.

Las flotas colaborativas representan más del 80% de las entregas rápidas en Argentina, con empresas que ofrecen multiparada y puntos de pick-up que crecen fuera del AMBA. Además, ciudades como Córdoba, Rosario o Mendoza están desarrollando centros urbanos de distribución.

El emprendedor que no piensa su negocio "de punta a punta" está condenado a fracasar. Porque no importa cuán buena sea la publicidad, si el paquete llega tarde, incompleto o sin comunicación clara, ese cliente no va a volver.

Comunicación uniforme, sin contradicciones

El comprador online está mucho más alerta que el comprador casual que mira la vitrina de un shopping, porque entiende que podría ser víctima de una estafa online. 

Por eso, si encuentra datos contradictorios, mensajes distintos o promociones que no coinciden, puede que desista de la compra al encontrar un ruido comunicacional. 

Estar en varios canales a la vez (Instagram, Mercado Libre, WhatsApp y la web) es necesario para que el ecommerce sobreviva, pero para maximizar los resultados, todos estos canales tienen que sonar como una orquesta.

Lo que importa es que todo comunique lo mismo, con la misma calidad y sin contradicciones, ya que un usuario puede descubrir un producto en TikTok, comparar precios en Google, comprar en tu web y luego pedir soporte vía WhatsApp. Si en alguno de esos pasos encuentra un tono distinto o promociones que no coinciden, la experiencia se rompe. 

El servicio de atención al cliente, el punto donde todo se puede perder

El servicio de una marca no termina después de la venta, ni siquiera después de la entrega del producto, sino que es un diálogo constante. El eslabón más sensible de la cadena, y uno de los más maltratados también, es la atención al cliente.

Nadie diseña la experiencia de resolución de problemas, teniendo en cuenta errores como hacer que el usuario repita 100 veces su problema a diferentes agentes, formularios o canales, pero quienes lo hacen tienen muchas posibilidades de recuperar al cliente. 

El consumidor argentino tiene poca paciencia, vive hiperconectado y es exigente. Un buen servicio de atención debería ser integrado, centralizado y sin repeticiones. 

Los que entiendan esto habrán adquirido para su negocio un motor de fidelización, ya que es la diferencia entre perder a alguien para siempre o convertirlo en embajador de marca.

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