El BID puso el foco en la competencia: sin apertura ni reglas claras no hay inversión posible

(Por Ignacio Najle) El Banco Interamericano de Desarrollo (BID) presentó en Buenos Aires su nuevo libro Mercados y desarrollo: cómo la competencia puede mejorar vidas.

De izquierda a derecha, Ernesto Schargrodsky, representante de BID, y Pablo Lavigne, secretario coordinador de producción.

La jornada arrancó con la presentación de uno de sus autores, Matías Busso, economista principal del organismo, y continuó con un panel de discusión en el que economistas, empresarios y académicos debatieron sobre los desafíos que enfrenta Argentina para fomentar mercados más competitivos.

Presentación y panel de discusión

El informe del BID plantea una idea central: la falta de competencia es uno de los principales frenos al crecimiento en América Latina. Según el organismo, si la región alcanzara niveles de competencia similares a los de economías avanzadas, el ingreso per cápita podría ser alrededor de 11% mayor y la desigualdad caería 6%.

El estudio subraya que los mercados latinoamericanos son más concentrados, menos dinámicos y presentan mayores barreras de entrada, lo que se traduce en precios más altos, menor productividad y menos oportunidades de crecimiento.


En el panel, organizado en el marco de la presentación, los participantes pusieron el foco en la situación local. Mariana Schoua, presidente de AmCham Argentina y CEO de Aconcagua Energía, fue tajante: “sin apertura de la economía no hay competitividad posible (…) y sin competitividad no hay desarrollo”. Schoua añadió que lo que hace falta es continuidad de políticas, más allá de gobiernos o personas.

Algunos datos del informe

  • Markups (márgenes de ganancia): En la región, las empresas cobran, en promedio, un 35% por encima de sus costos de producción, mientras que en las economías avanzadas ese margen es del 20%.

  • Impacto en precios (carteles): El libro cita estudios que indican que los carteles y la falta de competencia pueden inflar los precios al consumidor entre un 5% y un 20%, llegando en casos extremos hasta el 100%.

Obstáculos y recetas posibles

Los expositores coincidieron en que muchas barreras a la competencia provienen del propio Estado: regulaciones, normas técnicas y trámites burocráticos que protegen a las empresas ya establecidas y dificultan la entrada de nuevos actores. El informe recomienda mejorar la calidad regulatoria y fortalecer las instituciones encargadas de defender la competencia.

Santiago Urbiztondo, economista jefe de la Fundación de Investigaciones Económicas Latinoamericanas (FIEL), advirtió que introducir competencia implica asumir riesgos y que eso exige una institucionalidad capaz de garantizar la credibilidad de las reglas. Sin estabilidad macroeconómica y reglas claras, las reformas pierden eficacia.

Como ejemplo concreto, el sector energético fue citado varias veces: cuando hubo competencia en generación eléctrica, los precios cayeron notablemente —de 60 a 25 dólares por megawatt hora en un año—; pero la mayor regulación posterior frenó la inversión y generó escasez. 

Hoy se observan señales de cambio —apertura, desregulación y orden macroeconómico—, pero los participantes advirtieron que el proceso recién comienza y no es lineal. Como resumió Schoua: “fomentar la competencia es complicado. Y para cada caso probablemente se necesite una receta particular.”

El mensaje del BID y de los especialistas fue claro: sin mercados más abiertos, reglas más simples y un entorno previsible, la competencia no crecerá, y con baja competencia el crecimiento sostenido seguirá siendo difícil de alcanzar.

El equipo de Grupo Educativo Santo Domingo

Hace más de 40 años, la Academia homónima ingresaba al mercado cordobés con una propuesta orientada a formación en oficios técnicos — desde entonces han capacitado a más de 100.000 alumnos. En la actualidad, el grupo cuenta con otras dos unidades de negocio: el Centro Educativo Santo Domingo (educación inicial, primaria y secundaria) y el Instituto Superior Santo Domingo (carreras de nivel superior con foco en tecnología y habilidades duraderas).

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Anotar la comanda en un papel, mandar el pedido a la cocina, tipear el monto en la caja para cobrar y después abrir otro programa para sacar la factura electrónica. Para Marcos Chikilian, programador y fundador de la firma cordobesa Enjoy STI, el sector gastronómico comete el mismo error desde hace veinte años: emparchar la operación de un negocio con cinco programas distintos que no se hablan entre sí.