Hay seis provincias argentinas con niveles de arsénico en el agua cinco veces por encima de lo permitido por la FAO. Mendoza le pide a sus habitantes que tengan una reserva personal de dos litros por día. Y el 40% de la población mundial no tiene acceso garantizado al agua potable. Es desde ese diagnóstico que Enzo Trungelliti, CEO de Samai Hidro, construyó su propuesta: una empresa santiagueña que produce agua directamente del aire, la filtra, la remineraliza y la entrega lista para consumo humano. La alquimia, en este caso, es real y tiene protocolo de análisis.
"El verdadero cambio aparece cuando una comunidad, una escuela, un centro de salud o una empresa puede tener capacidad para producir agua localmente. La humedad está presente en el aire y hoy existe tecnología capaz de convertir ese recurso en agua", dice Trungelliti.
De aire a agua: cómo funciona la "fórmula"
El CEO lo aclara desde el principio: la tecnología no es un invento de Samai Hidro. Los generadores atmosféricos de agua (AWG) comenzaron a probarse en Israel hace unos ocho años, y fabricantes chinos desarrollaron métodos de filtración más avanzados en los últimos cuatro. Lo que sí hace Samai Hidro es importarlos, adaptarlos y agregar su propia fórmula: la remineralización.
El proceso tiene cuatro etapas. La máquina toma aire del ambiente, lo enfría según la humedad detectada y condensa el agua. Luego la filtra mediante cartuchos hasta obtener agua prácticamente destilada —pura, pero sin minerales. Ahí entra la modificación que Trungelliti negoció esta semana con el fabricante chino en persona, viajando hasta Japón para cerrar los detalles: un cartucho final que añade zinc, magnesio, calcio y otros minerales para producir agua de calidad comparable a la embotellada comercial. El efecto secundario: la máquina deshumidifica el ambiente al extraerle la humedad al aire.
Los análisis fisicoquímicos de los equipos realizados en junio de 2026 arrojaron turbiedad inferior a 2 NTU y arsénico no detectable en los tres modelos. Los protocolos están publicados abiertamente en el sitio de la empresa.
Tres equipos, tres escalas, tres mercados
Samai Hidro ofrece actualmente tres tamaños de equipo:
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GA.SH20 — hasta 20 litros diarios, del tamaño de un dispenser de agua. Para hogares, oficinas y organismos pequeños. Precio objetivo: menos de US$ 1.500. Costo de producción: entre 100 y 120 pesos el litro.
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GA.SH80 — hasta 80 litros diarios, algo más grande que un frigobar. Para fábricas, hospitales y escuelas. Precio: alrededor de US$ 3.500. Con 80 litros diarios se puede dar medio litro a 160 personas.
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GA.SH250 — hasta 250 litros diarios, del tamaño de un escritorio. Para comunidades sin acceso a agua suficiente o de calidad. Incluye monitoreo por internet de producción, filtros y variables de operación. Precio: más de US$ 12.000. Costo de producción: entre 30 y 40 pesos el litro.
El único gasto operativo es la electricidad y el cambio anual de filtros, estimado en $21.000. Las máquinas no tienen vida útil definida ni registros de fallas que las detengan. En camino está además una unidad del tamaño de un contenedor de 6 metros capaz de producir 5.000 litros diarios, pensada para parques de generación hídrica a gran escala.
La combinación con energía solar: agua gratis después de la amortización
Una de las pruebas que Samai Hidro ya completó con éxito es hacer funcionar los equipos con energía fotovoltaica: dos paneles, dos baterías y un inversor —una instalación de entre US$ 700 y 800— permiten operar las máquinas las 24 horas. Una vez amortizada esa inversión, el agua producida no tiene costo energético adicional. "Parece un sueño, pero estás juntando sol y aire y sacando agua potable", resume Trungelliti. Esto abre la posibilidad de llevar agua potable a zonas rurales que no tienen ni agua ni electricidad de red.
El estado del proyecto hoy
Samai Hidro todavía no tiene equipos vendidos en Argentina. Durante 2026 realizó pruebas con cinco máquinas de distintos tamaños y, con los resultados obtenidos, tiene en fabricación un primer lote de 70 unidades con la remineralización ya incorporada desde fábrica. La proyección para 2027 es llegar a entre 400 y 1.500 máquinas en funcionamiento, con un crecimiento anual mínimo del 150%.
La hoja de ruta de cinco años apunta a que escuelas, hospitales y centros de primeros auxilios tengan acceso a la tecnología. Y a más largo plazo, la empresa proyecta certificar bonos hídricos —un mecanismo similar a los bonos de carbono— que permita a empresas con alta huella hídrica comprar créditos a quienes producen agua atmosférica, generando un ingreso que podría cubrir energía y mantenimiento de los equipos.
"No vemos a Samai Hidro como una máquina aislada. Pensamos en una red de nodos capaces de producir agua cerca de las personas, alimentados con energía renovable y conectados mediante información. Si conseguimos descentralizar la producción, podemos empezar a pensar el agua con una lógica completamente diferente", cierra Trungelliti.