Las stablecoins dejaron de ser un concepto reservado al universo cripto para convertirse en una pieza que bancos, fintechs y compañías de pagos ya están mirando como parte de la próxima infraestructura financiera. Esa fue una de las principales conclusiones que dejó Antonia De Souza, Head of Blockchain & Cryptocurrencies de Visa, durante el Fintech Meetup que la Cámara Argentina Fintech realizó en Córdoba.
De Souza, que trabaja desde hace unos dos años en Visa con foco en stablecoins y en el desarrollo de estrategias vinculadas a cripto para bancos, fintechs y adquirentes de Latinoamérica, planteó que el mercado está atravesando una etapa diferente a la del “hype” que acompañó a algunos proyectos cripto en años anteriores.
Según los datos que presentó, las transacciones con stablecoins alcanzaron durante el último año alrededor de US$ 16.000 millones, un volumen que comparó con el de las transacciones que procesa Visa. A eso se suma que hasta agosto se habían emitido unos US$ 270 billones en stablecoins, mientras que las previsiones que mencionó durante su presentación proyectan que ese stock podría llegar a US$ 3 trillones hacia 2030.
“Ya no da para hablar de que es hype”, planteó la ejecutiva, al remarcar que el crecimiento del mercado y la participación creciente de instituciones financieras obligan al sector a mirar qué oportunidades de negocio pueden surgir alrededor de esta tecnología.
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Argentina, dentro del mapa
En ese escenario, Argentina aparece como uno de los mercados que están siguiendo de cerca. De Souza presentó datos recientes de Chainalysis según los cuales el país registra US$ 88.500 millones y un crecimiento del 15,3% en el uso de cripto. La ejecutiva señaló además que Latinoamérica registró un crecimiento cercano al 10%, con una participación importante de las stablecoins.
La pregunta que dejó planteada para bancos, fintechs y empresas no fue solamente cuánto crece el mercado, sino cuánto de ese movimiento está ocurriendo dentro de sus propios negocios.
“Las transacciones están siendo hechas, los casos de uso están siendo desarrollados”, señaló De Souza durante su exposición, para luego poner el foco en si las compañías de la región están aprovechando esas oportunidades.
El avance tampoco se limita a las operaciones entre empresas. Según explicó, los principales volúmenes todavía están concentrados en el mercado institucional y en las transacciones B2B, pero también están creciendo los casos B2C y C2B, a medida que aparecen nuevas aplicaciones.
Uno de los puntos centrales del stablecoins es la posibilidad de realizar pagos transfronterizos las 24 horas, los siete días de la semana. De Souza utilizó como ejemplo una situación del comercio exterior: un cliente le contó que si un barco llega al puerto un viernes o un sábado en lugar de un lunes, cada día adicional puede representar un costo de US$ 100.000 porque el pago queda sujeto a los horarios del sistema bancario tradicional.
En ese tipo de operaciones, explicó, las stablecoins pueden permitir mover el dinero sin esperar al siguiente día hábil. Es uno de los casos de uso que, según la ejecutiva, muestran cómo la tecnología puede resolver problemas concretos más allá de la inversión en cripto.
Una “hoja en blanco”
Para De Souza, justamente esa posibilidad de construir nuevos modelos de negocio es uno de los principales atractivos de las stablecoins. “Las stablecoins nos dan como una hoja blanca, para desbloquear muchas cosas”, sostuvo durante el keynote. La ejecutiva planteó que todavía existe una gran cantidad de casos de uso por desarrollar y que el desafío para bancos y fintechs pasa por identificar cuáles tienen sentido para cada negocio.
En paralelo, el marco regulatorio está avanzando en distintos mercados. Según explicó, las discusiones sobre cómo regular las stablecoins ya están presentes en diferentes países de Latinoamérica, aunque con distintos grados de apertura. Ese movimiento regulatorio, sumado a la entrada de instituciones financieras, está generando mayor interés empresarial.
Visa también juega sus fichas
De Souza explicó que las stablecoins forman parte de las prioridades actuales de la compañía y que está desarrollando soluciones para que sus clientes puedan acceder a estos activos, tanto mediante mecanismos de entrada como de salida del ecosistema cripto. También señaló que Visa trabaja para que fintechs y criptofintechs puedan utilizar activos digitales desde sus billeteras para realizar pagos en establecimientos que forman parte de su red.
La compañía, además, participa junto con más de 140 empresas en un consorcio para desarrollar OpenUSD, una stablecoin orientada al mercado financiero y basada en un modelo de distribución de ingresos entre los participantes, según explicó la ejecutiva.
De Souza mencionó a compañías como Pomelo y Lemon, que nacieron en Latinoamérica, entre las fintechs que ya incorporaron cripto y stablecoins a sus modelos de negocio. También señaló que empresas originarias de otros mercados están comenzando a instalar operaciones en la región.
El crédito también estuvo en agenda
El debate sobre las stablecoins fue uno de los capítulos del Fintech Meetup Córdoba, pero no el único. La jornada de la Cámara Argentina Fintech reunió a bancos, fintechs y empresas tecnológicas para discutir el presente y futuro del sistema financiero.
En el panel dedicado al estado del crédito en Argentina, Marcelo Fernández, de Bancor, puso el foco en la relación entre ahorro y crédito y señaló que la rueda del crédito comienza en el ahorro de largo plazo, además de referirse al peso de la economía informal.
Por su parte, Federico Chimento, CFO de Moni, explicó que la compañía trabaja con productos de corto plazo y señaló que las métricas que venían observando desde el año pasado podrían mostrar una evolución favorable hacia fines de este año y comienzos del próximo.
El encuentro también incluyó paneles sobre la transformación del sistema financiero, infraestructura para nuevos servicios financieros e identidad y Open Data. En conjunto, la agenda mostró un sistema en el que bancos, fintechs y proveedores tecnológicos ya no discuten solamente la digitalización de los servicios existentes, sino también qué infraestructura y modelos de negocio van a sostener la próxima etapa.