Ni alta ni chata, justa

Cristian Augustinoy: “Gente, me parece que todos están pensando la ciudad como una entidad física en sí misma y no como un contenedor del hombre que la usa; mientras nadie piense en qué quiere el usuario, la ciudad nunca será la adecuada. Extender las redes o reforzar las existentes sólo depende de la eficiencia de quien nos gobierne: si no hubiéramos usado durante años el dinero recaudado por cloacas para cuentas generales, hoy tendríamos la planta en condiciones y los caños necesarios. A los colegas les recomiendo que repasen la historia del urbanismo y que relean a Kevin Linch, en su obra La imagen de la ciudad: no se trata de si es para arriba o se extiende, se trata de manejar la altura y las extensiones adecuadamente para que todos los usuarios vivan donde y como quieran de manera civilizada y con el bien común. El otro día en una reunión escuche una frase que me pareció brillante: ´las ciudades nacen de su propio caos´. Por favor, dediquemos nuestra sabiduría a ir ordenando el caos y no tratemos de diseñar lo que pocos quieren y repitamos los viejos fracasos de los congresos de urbanismo de la primera mitad del siglo pasado”.

Arquitectos y legos debatimos sobre nuestra Córdoba, aquí.

Andreani ya mueve 520.000 paquetes por día desde su hub automatizado de Pacheco (abre el juego a pymes y emprendedores)

(Por Julieta Romanazzi) El centro de distribución que la empresa inauguró en General Pacheco a mediados de 2025 empieza a mostrar su potencial. Con tecnología única en América, capacidad para escalar y un servicio de fulfilment que ya suma 15 clientes, el hub se convirtió en la apuesta más grande de la compañía para sostener el crecimiento del e-commerce argentino.

El fenómeno Don Julio: ¿Cuánto cuesta hoy comer en la mejor parrilla de Buenos Aires? (con souvenir “incluido”)

(Por Julieta Romanazzi) La fila de gente esperando una mesa en Guatemala esquina Gurruchaga llama la atención, así como también algunos precios de su carta. El dato que explica el fenómeno: el 80% de las mesas las ocupan brasileños, que llegan con reserva en mano o se resignan a la espera en la vereda con tal de tachar el "Templo de la Carne" de su lista.