Una botella no reciclada tarda 1000 años en descomponerse pero al reciclarse, vuelve al circuito reduciendo el impacto ambiental. De manera directa, al retirarlas del ambiente y reciclarlas se emiten menos gases de efecto invernadero, como el CO2.
“Productos reciclados y reciclables como la Rebotella Villavicencio ayudan a reducir el impacto ambiental. Por ejemplo, si consideramos la huella de carbono, la reducción lograda sería equivalente a 110.000 autos que ingresan a la Ciudad por un día o 21.000 lamparitas prendidas al año. Además, logramos que más botellas desechadas salgan del medio ambiente reduciendo la contaminación”, cuentan desde Danone.
La nueva botella permite mayor inclusión social: en primer lugar, los consumidores a través de la separación en origen de materiales reciclables. Luego los recuperadores urbanos, encargados de recolectar las botellas plásticas. Por último, el material es recibido por Cabelmapet, la única planta recicladora del país autorizada para elaborar plásticos que estarán en contacto con bebidas y alimentos.