Eran unas dulces, claras notas finas...
Sí, ya sé: Arturo Capdevilla no le escribió a las campanas de la Iglesia de María Auxiliadora, el enclave vecino al popular colegio Pío X (se lee Pío Décimo, no Pío equis, como me hacían creer cuando era chico). Pero visitar la cripta y el campanario de Colón y Rodríguez Peña me remitió a aquel poema “Córdoba de las Campanas”. Así vio el lugar y la ciudad desde esa visita, la lente de Álvaro Corral.