Protegerse del sol no significa encerrarse sino adoptar conductas saludables que nos permitan desarrollar actividades al aire libre, ya sea con fines recreativos o laborales.
Estos hábitos deben aprenderse en la infancia, pero deben practicarse durante toda la vida.
Los niños, así como las personas con una piel más sensible y aquellas con riesgo de cáncer de piel, deben extremar las medidas de fotoprotección.
• Protección Natural: es aquella en la que la piel, con la creación de sebo, y durante alrededor de 15 minutos, nos protege del sol y de los rayos UV, hasta que el típico color bronceado nos da la señal de alerta de que nuestro cuerpo ya no puede resistir más bajo.
• Protección Física: por la utilización de agentes como sombrillas, lentes, sombreros y ropa.
• Fotoprotección Química: se realiza a través de los bloqueadores solares, que evitan que el
sol cause quemaduras en la piel. Los bronceadores, por su parte, no funcionan igual que un protector, ya que sólo ayudan a que la piel alcance el dorado ideal de un bronceado, sin cumplir la función protectora.
Cuando nuestra piel recibe luz ultravioleta en exceso y en un corto tiempo, se produce una quemadura, lo que altera el material genético de las células de la piel y daña las células del sistema inmunológico que actúan protegiéndola.
A largo plazo, se observa que las células de la piel no logran reparar todo el daño de sus genes y Informate, descargando el material del Programa Informativo de Prevención del Hospital Privado acá.