Dos docentes bellvillenses apuestan por un método educativo que ya llegó a 60 países (método KUMON en Bell Ville)

Con más de 4.000.000 de alumnos en el mundo, el método KUMON busca desarrollar la autonomía, la comprensión lectora y el razonamiento matemático para formar estudiantes capaces de aprender por sí mismos.

Después de más de 30 años de experiencia combinada en el ámbito educativo, Sandra Valenti y Mabel García decidieron comenzar un nuevo proyecto: traer a Bell Ville el método Kumon, un sistema de aprendizaje nacido en Japón que hoy está presente en más de 60 países y acompaña el desarrollo de más de cuatro millones de estudiantes.

Sandra es farmacéutica desde hace 36 años y docente de nivel medio desde hace 22. Mabel, por su parte, ejerció durante 28 años como docente de nivel primario, secundario y superior, donde también ocupó funciones de gestión académica. Aunque ya está jubilada, asegura que su vocación docente continúa intacta.

"Creemos importante poder acompañar el aprendizaje de los niños y, sobre todo, potenciar sus capacidades", explican.

Una demanda que venía creciendo

La decisión de abrir el centro no surgió por casualidad. Durante años de contacto con alumnos y familias comenzaron a detectar una inquietud que se repetía cada vez con mayor frecuencia.

Los padres no buscaban únicamente ayuda para mejorar una materia específica. Querían herramientas que ayudaran a sus hijos a estudiar mejor, desarrollar concentración, fortalecer la comprensión lectora, mejorar el cálculo matemático y adquirir hábitos de estudio que les sirvieran durante toda la vida.

"Como legado para un hijo, más importante que una fortuna es brindarle una sólida capacidad académica, independencia para aprender y hábitos de estudio", sostienen.

"No falta capacidad; falta intentar"

Esa idea resume buena parte de la filosofía de Kumon. El método parte de una premisa sencilla: todos los niños tienen un enorme potencial cuando encuentran un entorno que favorece su desarrollo. No falta capacidad; falta intentar.

La filosofía creada por el japonés Toru Kumon compara a cada niño con un diamante que necesita ser pulido. El objetivo no es únicamente que aprenda matemática, lengua o inglés, sino que desarrolle confianza en sí mismo, concentración, perseverancia y la capacidad de resolver desafíos de manera independiente.

Porque, según explican Sandra y Mabel, esas habilidades luego se trasladan a cualquier ámbito de la vida.

"La comprensión lectora sirve para historia, geografía, matemática y también para el futuro profesional. Lo mismo ocurre con la autonomía o la responsabilidad."

Un aprendizaje personalizado

Una de las principales diferencias respecto de un apoyo escolar tradicional es que Kumon no trabaja sobre el error del alumno, sino sobre su potencial. Antes de comenzar, cada estudiante —sin importar su edad— realiza un diagnóstico inicial. La evaluación busca identificar un punto de partida cómodo desde el cual el alumno pueda avanzar con seguridad, recuperar confianza y construir progresivamente nuevos conocimientos. A partir de allí, cada estudiante sigue un recorrido completamente personalizado.

No existen grupos por edad ni por grado escolar: cada persona avanza de acuerdo con su propio ritmo.

Después de aproximadamente un mes de trabajo, las orientadoras elaboran una proyección anual con objetivos individuales, buscando que el alumno domine plenamente los contenidos de su nivel y, con el tiempo, incluso pueda superarlo.

Aprender a estudiar

El método también busca construir hábitos. Los alumnos asisten dos veces por semana al centro y completan actividades los días restantes desde sus casas, utilizando material impreso o la plataforma digital Kumon Connect.

Desde que ingresan al aula realizan gran parte del proceso de manera autónoma. Buscan su material, registran el horario de inicio, trabajan individualmente y recurren al orientador únicamente cuando necesitan una guía para continuar.

Al finalizar, reciben una devolución personalizada y continúan practicando en sus hogares con el material ya corregido. Según explican las docentes, ese proceso desarrolla responsabilidad, organización y confianza para resolver problemas sin depender permanentemente de otra persona.

Desde los tres años... y sin límite de edad

Aunque muchas familias asocian Kumon con niños en edad escolar, el método puede comenzar desde los tres años.

En los más pequeños, las actividades apuntan al desarrollo del trazo, el reconocimiento de imágenes, la memoria, la lectura y los primeros conceptos matemáticos. Con el paso del tiempo, el aprendizaje evoluciona hacia contenidos cada vez más complejos.

Pero el programa tampoco tiene un límite de edad. Adolescentes y adultos también pueden incorporarse para fortalecer habilidades específicas o recuperar hábitos de estudio.

Un proceso de formación para llegar a Bell Ville

Abrir un Centro Kumon implicó mucho más que alquilar un local. Sandra y Mabel atravesaron un proceso de capacitación intensiva que incluyó el estudio de la filosofía del método, encuentros virtuales con orientadores de todo el mundo, evaluaciones académicas y una certificación final obligatoria. Solo después de aprobar todas las instancias obtuvieron la autorización para abrir oficialmente el primer centro en Bell Ville.

Hoy, aseguran, comienza una nueva etapa. Una en la que buscan acompañar a las familias de la ciudad con una propuesta que apunta mucho más allá del rendimiento escolar.

Porque, como resume la filosofía de Kumon, el objetivo no es enseñar solamente contenidos, sino ayudar a que cada alumno descubra hasta dónde puede llegar cuando aprende a aprender.

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