Fibertel quiere discutir con Netflix

Hoy por hoy, el 30% del tráfico de la red de Fibertel (y de los otros ISPs) es ocupado por videos, principalmente de YouTube, pero crecientemente de Netflix, un servicio pago que se monta sobre las redes y contribuye a satularlas. Hay que discutir este tema, dicen desde Fibertel. ¿Paga Netflix o los usuarios según su tráfico?

Los ISP (proveedores de Internet) están preocupados: la gente demanda cada vez más ancho de banda que obligan a crecientes inversiones en infraestructura, pero nada alcanza. La carga de contenidos “pesados” y desde múltiples dispositivos es un barril sin fondo. Para colmo, los usuarios no quieren saber nada con aumentos de tarifas.

“Miralo así -dice Gonzalo Hita, de Fibertel-: Netflix no deja nada en la infraestructura argentina, se lleva los dólares (los cobra afuera) y cada vez ocupa más ancho de banda que nosotros tenemos que cubrir con inversiones multimillonarias. ¿Es justo?”.

Seguro que no suena justo, pero tampoco es un planteo ingenuo: en el fondo está la “intocable” neutralidad de la red, un principio por el cual todos los contenidos tienen que fluir por Internet sin ningún tipo de privilegio ni censura. Un polémico acuerdo entre Comcast y Netflix en EE.UU. ha reavivado este debate que excede por lejos a la Argentina.

El consumo de megabytes en la red de Fibertel viene creciendo a un 30% anual y desde la empresa temen que -a este ritmo- el sistema ingrese en un cuello de botella en los próximos años.

“Le estamos sacando el máximo jugo posible a nuestra red -explican desde las áreas técnicas-; al cable coaxial de 750 Mhz lo estamos ampliando a 1 Ghz y permanentemente optimizamos la red, por ejemplo, achicando la grilla analógica de TV y llevando señales a digital que ocupan menos ancho de banda”. Pero nada de esto va a alcanzar si los usuarios siguen cargando los puntos de acceso con toneladas de videos.

Si los grandes generadores de tráfico (YouTube, Vimeo, Netflix) no están dispuestos a compartir inversiones, los ISP tendrán que empezar a evaluar una medida poco popular: diferenciar el cobro según la cantidad de megabytes que consume un usuario, tal como sucede con el consumo de luz eléctrica y -en algunos casos- agua potable.

La polémica está servida.

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