El Indec usa una canasta de bienes y servicios de 2004 para medir la variación de precios al consumidor (IPC) y -con la medición de enero de 2025- iba a empalmar la serie con una “nueva” canasta ajustada a consumos de 2017/2018.
Pero ayer se precipitó la salida de Marco Lavagna (hijo del ex ministro Roberto) y hombre fuerte del Indec desde 2019 por desacuerdos con el gobierno sobre este cambio de metodología. Inmediatamente, el ministro Luis Caputo anunció que NO se iba a implementar la nueva canasta.
Como muestra este cuadro de Qualy Consultora, el cambio hubiera implicado una modificación en la ponderación de distintos consumos:
Qualy analiza el cambio que no fue (o no será por ahora) llevaba a una “desalimentación” del IPC al disminuir la incidencia del rubro alimentos en el total.
“La nueva canasta captura un consumo de alimentos con mayor incidencia de los procesados, donde el componente industrial, logístico y de comercialización (con servicios asociados) tiene más peso que el insumo primario”, analiza el informe.
Además, la canasta que no se va a usar ahora incrementaba el peso de los servicios: en algunas regiones subía casi 10 puntos porcentuales en la ponderación total y hubiera transformado al IPC en un indicador más "rígido".
De todas formas, estos cambio no modificaban sustancialmente el número final de la variación de precios: mientras que entre 2019 y 2023 la nueva canasta hubiera arrojado tasas de inflación inferiores a los del índice vigente (con una diferencia de 2,2 puntos porcentuales anuales en promedio), si tomamos los últimos dos años la nueva canasta podría marcar inflaciones 3,8 puntos anuales más elevadas que las del índice vigente.
Qualy resume que: “Las pautas de consumo de la población cambian en el tiempo, afectadas por factores económicos, tecnológicos y culturales. La sustitución de la canasta de consumo vigente hasta ahora por la relevada en 2017/2018 es un paso metodológico relevante porque reflejará mejor las conductas de consumo actual.
“Esto no significa que la inflación de los últimos años estuviera “mal medida”, sino que el impacto de los distintos precios en el índice reflejaba con menos precisión la inflación (entendida como variación general de los precios al consumidor) que efectivamente ocurría. Si graficamos la inflación acumulada entre 2017 y 2025 con el índice según ambas canastas, la diferencia total es mínima”.