Schiaretti lanza a Llaryora ante un PJ con ausencias

(Por Yanina Soria) Por primera vez en años, el oficialismo presentará a su candidato a gobernador frente a un peronismo desalambrado. Martín Gill y sus intendentes pegarán faltazo. El “caso González” y su impacto político en la estructura del gobernador.

Después de unos años, el peronismo cordobés volverá a juntarse en un acto político que tendrá como principales oradores al gobernador Juan Schiaretti y al intendente Martín Llaryora. La reunión de hoy será el lanzamiento y comienzo de la campaña no formal del capitalino como candidato provincial de Hacemos por Córdoba.

Sin embargo, la foto de esta tarde en el hotel Quórum no se dará en las condiciones que imaginaban en el oficialismo provincial cuando organizaron la reunión.

La tercera autoridad de Córdoba, el legislador Oscar González, un hombre de peso en el PJ, protagonizó el fin de semana un choque automovilístico en el Camino a las Altas Cumbres que terminó con una mujer muerta y otras dos jóvenes internadas; una de ellas en estado de gravedad. Los familiares de las víctimas cuestionaron de inmediato que el funcionario no haya sido imputado por la Justicia y lo acusan de haber realizado una maniobra imprudente que terminó con la vida de Alejandra Bengoa, docente de aquella zona.

De confirmarse el grado de responsabilidad de González en lo sucedido, el hecho terminará salpicando a un Gobierno que dio por cerrado el capítulo de las polémicas públicas con sus funcionarios cuando apartó a Alfonso Mosquera del ministerio de Seguridad, entre otras cosas, por el escándalo en torno al asesinato de Valentino Blas Correas.

Y en este caso, González no es un dirigente más. Es un hombre con poder hacia el interior de la estructura partidaria y de confianza del gobernador.

Se descuenta que hoy no participará del acto (ya había sido dado de alta) mientras que al menos hasta el cierre de esta edición, la Provincia no había emitido ningún comunicado oficial. El tema podría escalar en la consideración pública en las próximas horas ya que familiares y amigos de los damnificados estaban organizando una movilización en contra del legislador. De ser así, entonces le será difícil esquivar políticamente el asunto al gobernador Schiaretti.

Pero la ausencia del presidente provisional de la Legislatura no será la única. Como hace tiempo no sucedía, el peronismo provincial mostrará hoy una postal con mayoría propia, pero no absoluta.

El proceso de desalambrado del PJ que arrancó allá por el 2019 cuando encumbrados dirigentes del partido se enrolaron en el Frente de Todos, se verá reflejado en la ausencia de una porción (considerada) de dirigentes que pertenecen a la estructura orgánica del partido pero que desde hace tiempo interpelan el liderazgo de Schiaretti.

El intendente de Villa María Martín Gill es uno de ellos. Y suena lógico. El ex funcionario nacional que viene reclamando discutir la política por dentro de los márgenes de Hacemos por Córdoba no se sentará en primera fila a aplaudir la entronización de Llaryora como el candidato a gobernador puesto por el mandatario provincial. Porque, precisamente, eso representa todo lo que viene criticando. No que el capitalino sea el postulante, sino la falta de diálogo y participación ampliada para definir lo que se viene de cara al 2023.

Tampoco lo hará la mayoría de sus intendentes y jefes comunales que fueron invitados pero que dicen no estar dispuestos a ser parte del “decorado político” que enmarcará un lanzamiento que, además, oficiará como señal ordenadora hacia adentro de Hacemos por Córdoba.

Desde que el villamariense se encolumnó en el Frente de Todos, el vínculo con el Panal quedó reducido sólo a lo institucional; por eso, hacia afuera, el schiarettismo minimiza la ausencia cantada del gillismo hoy.

Sin embargo, tampoco desconocen el capital político que fue construyendo el ex secretario de Obras Públicas de la Nación quien hoy cuenta con un núcleo duro de alcaldes que le reportan (unos 50 según dicen ellos mismos), todos peronistas de Hacemos por Córdoba.

Y en un escenario complejo como asoma el año próximo para Hacemos por Córdoba, los puntos que pueda sumar el dirigente del departamento San Martín serán necesarios. Y Llaryora, lo sabe. Para muchos oficialistas, Gill terminará adentro: “es sólo cuestión de tiempos”, reflexionan. Distinto imaginan el final, por ejemplo, con la línea que comanda el ex senador Carlos Caserio que también se quedó con otra porción de intendentes y dos legisladores. La mayoría de ellos tampoco asistirán hoy. 

En el mientras tanto, Gill ya avisó que de no entenderse con el oficialismo provincial (ese es su plan A) podría presentarse por fuera. De hecho, ya comenzó a recorrer la provincia con traje de candidato armando en los distintos departamentos; en breve encabezará un plenario en la Capital cordobesa. Muchos de sus intendentes, disgustados con Schiaretti y desenamorados de Llaryora, lo alientan a jugar en el ´23 a sabiendas de que el espacio, algún poder de daño concentra. Por ahora, dentro del atomizado universo del Frente de Todos Córdoba, el gillismo se conduce por su propia vía mientras que el otro sector peronista referenciado Caserio también arma lo propio. De hecho, se esperan definiciones en el plenario que tendrá lugar en la ciudad de Embalse el próximo 5 de noviembre.

Por su parte, la previa del acto que abrirá Schiaretti y cerrará Llaryora fue sazonada por un nuevo encuentro entre Gill y la diputada Natalia de la Sota que mantiene una postura orgánica pero con juego propio.

La foto del viernes a la noche en la localidad de Viamonte donde ambos coincidieron, se suma a un par más concretadas post elecciones Marcos Juárez donde los dos coincidieron en señalar a modo de reproche a Schiaretti, la necesidad de mantener al peronismo como columna vertebral del espacio político. En el encuentro en la localidad del departamento Unión, la parlamentaria de Córdoba Federal abonó su posición de jugar el ´23 con todo el PJ unido. “Creo que es importante remarcar este encuentro. Son los ´puentes´ de los que hablaba mi padre, José Manuel. Fue ese su último mensaje, el mejor legado que nos pudo dejar. Encontrarnos, dejar las diferencias de lado. ¿Las podemos tener? Si, claro. Pero debemos hacer el mayor esfuerzo en buscar en qué coincidimos, ese es el mejor camino que podamos encontrar. Los puentes son eso: unión, compromiso, dejar de lado las miserias humanas y poner en relieve las virtudes. Eso necesita hoy la política argentina. Eso necesitamos todos”, dijo con Gill al lado.