Rebeca Bortoletto y María Eugenia Pasquali estuvieron en el Colegio Universitario de Periodismo para presentar su libro A hablar se aprende hablando. Más de 40 años de micrófono avalan los conceptos que desarrollaron en esta obra que como contó Rebeca en diálogo con InfoNegocios, “no es teoría de la comunicación”.
A hablar se aprende hablando tuvo su premier el pasado 16 de abril en el Centro Cultural de la UNC. Ese disparador agotó la primera edición. El material del libro es el producto de años de trabajo en el Laboratorio de la Palabra, espacio que ambas profesionales comparten para entrenar en la oralidad a todo tipo de profesionales.
“Cuando tomamos la decisión de hacerlo libro yo no estaba tan convencida porque me parece que todos los temas de comunicación quedan desactualizados muy rápido. Y Eugenia me convenció que habíamos hecho ya un corpus importante de distintas elaboraciones para nuestras clases y que valía la pena que quedara algo. Que no se diluyera todo. Así fue como conseguimos un editor y tomó la forma de un libro, con todas las características”, contó Bortoletto a InfoNegocios.
InfoNegocios (IN): ¿A quiénes está destinado el libro?
Rebeca Bortoletto (RB): El libro es una herramienta para cualquier persona que tenga que abordar la comunicación de algo. No es para periodistas, no es teoría de la comunicación. Es eminentemente práctico.
IN: ¿Qué devoluciones te hace la gente que lo leyó?
RB: Nosotros trabajamos mucho con emprendedores. A los que se les pide todo: que tengan un producto, que salgan al mercado, que lo defiendan, que pidan la plata en el Banco. Para todo eso hacen falta conversaciones y presencia. Empezamos a pensar cómo ayudábamos a estas personas.
IN: A lo largo de estos años ¿con qué tipo de profesionales trabajaron y trabajan?
RB: Lo hemos hecho con médicos, ingenieros, personas que venían de ciencias más duras y a las que esta comunicación blanda les resultaba adversa. Empezamos a pensar método y así fue como lo fuimos elaborando.
IN: ¿Cómo es ese método?
RB: Es un método que ninguno que trabaje en serio textos periodísticos desconoce: culo-silla, sentarse a pensar y trabajar el texto. Después viene la parte difícil de la oralidad, que tampoco es algo que todas las personas manejen de manera sencilla. Hay que aprender a parar ese discurso que está bonito en la máquina. Nosotros decimos parar el Frankestein. Porque hay que darle vida a eso. Ahí fue que empezamos a unir todo eso, que era: la oralidad, cómo hacer tu autodiagnóstico, cómo vas pensando qué es lo que te pasa cuando hablás, cuáles son tus problemas. Todo eso que la persona lo vivencia muy fuerte, lo pasa por el cuerpo. A partir de ahí, ver cómo se puede controlar todo eso de manera fisiológica; con respiración, con el pensamiento. Y el plan de lo que uno quiere hacer. El mayor problema es no tener plan, porque seguramente te vas a desbarrancar. A las personas les cuesta mucho entender ese hilo del tiempo de comunicar algo y que todo tiene un principio y un final.
IN: ¿Cómo notas el lenguaje de las personas?
RB: Ahora estamos con una pauperización del lenguaje, alguien que maneja 200 palabras parece un literato. En ese sentido ha bajado mucho la inmersión de las personas en textos literarios y periodísticos. Todo dicen que se lee, pero se lee liviano y como tal, las conversaciones son también más livianas. Creo que hay una banalización absoluta de la comunicación. Lo que ocurre en redes es muy lineal. Cuesta la categoría de palabras: sustantivo, verbo, pronombre, adverbio. Necesitamos una base, porque sin esa base es muy difícil construir lo otro.
IN: ¿Cómo se vence ese pánico escénico de hablar en público, o a vender o a persuadir?
RB: Porque falta preparación. A nosotros nos llevó años esto. Este ring lo tenemos recontra visto porque fue nuestro ring side durante 40 años. Alguien que quiere correr una maratón y está todo el día sentado y no se mueve, nunca lo va a lograr. Por eso la perogrullada del título del libro A hablar se aprende hablando, que es un mantra para mí. Cuando tenés conciencia y autocrítica, vas mejorando y lo hemos visto en infinitos casos. Gente que no podía abrir la boca, que no podía pararse y no tenía conciencia de su cuerpo y va cambiando en la medida que lo hace y se corrige.
Hay personas que perdieron un montón de oportunidades por autoboicotearse diciendo yo no voy a poder. De esos hemos trabajado cientos de casos y después les va bien. Pero eso tiene mucho que ver la relación del entrenado con el entrenador. A mí me gusta decirle así, no usamos la palabra coacheo. Proponemos un plan. Si no hay una ejercitación constante, no se consigue. La gente cree que es mágico y no es mágico.
IN: ¿Algún político les pidió entrenamiento?
RB: Cuando no son del entorno íntimo de las personas que están con el candidato, es muy difícil convencerlos, porque somos duras; tanto María Eugenia como yo. Somos rigurosas. Nosotros exigimos una preparación y un respeto a la gente y a eso que quieren empezar a trabajar que es ser un candidato.
IN: ¿Y el caso Milei?
RB: Milei es un caso de observación. Él tiene esos altibajos, esos exabruptos que son muy extraños para un presidente, o al menos para los estilos que habíamos observado hasta ahora. A él le encanta ser diferente y siempre estar tribuneando. Es un caso de estudio mundial. Realmente fue disruptivo. Empezó a ser diferente en un mundo que era todo igual. Es admirable desde el punto de vista, que él creyó en eso y le metió para adelante. Ahora estamos pensando dónde estará el próximo cisne negro.
IN: A días del Día del Periodista ¿Cómo se triunfa en la profesión?
RB: He trabajado mucho y sigo trabajando todo el tiempo en la búsqueda de otros proyectos, a veces salen mejor y otras veces peor. No he cesado en la búsqueda. Pero el tema de la fama hoy es muy relativa, porque nosotros hemos vivido la época de las audiencias del 80 por ciento. Y eso se desgranó y hoy es otra cosa. Hay una romantización del periodismo y resulta que hoy hay periodistas mal pagos y sin mucha voz, porque depende dónde esté ubicado dentro del panorama y después a resistir. Tampoco le podemos tirar tanto la moral abajo. Siempre fue un reto dónde trabajar. Mi familia me decía: no vas a trabajar en ningún lugar. Porque yo no conocía a nadie. Fue verdaderamente pico y taco: búsqueda. Tenía hambre de gloria, me preguntaba cómo conocer a tal o cual persona. Las oportunidades están ahí. Hay que aprovechar todo.
Van a ir cambiando los formatos, pero vos fíjate, que siempre hay alguien que cuenta una historia. Siempre hay alguien que cuenta algo que atrape al otro. Siempre vamos a necesitar una narrativa, alguien que le ponga el cuerpo sea en el dispositivo que sea.
Una cosa que me alegra muchísimo es el cruce que hay de profesiones. Y que no tengas un solo trabajo para toda la vida, también me fascina. Todo lo que no sea cómodo me encanta, porque te mantiene vivo.
IN: Si tuvieras que armar un plan de estudio ¿qué cosas no pueden faltar?
RB: La oratoria, enseñar a emprender. Y enseñar a cuidar la salud mental de las personas.