Ana Rizzi, la artista cordobesa que le pone color y dos dimensiones a tu evento

(Por Julieta Romanazzi) Ana Rizzi es una artista plástica que nació en Córdoba, y desde hace más de un año se encarga de pintar todo de color y convertir los espacios tridimensionales en bidimensionales, a través de intervenciones donde el cuerpo humano es protagonista. Ha trabajado para empresas como Hidrofil y Pernod Ricard, pero también lo ha hecho para particulares, desde $ 8.000.

Hace alrededor de un año y medio Ana, con 29 años, comenzó a realizar intervenciones en espacios, y hoy ya lleva alrededor de 40 acciones. Algunas de ellas las realizó para empresas como Hidrofil y Pernod Ricard, en Córdoba y también en Buenos Aires. Además Ana trabaja con particulares, realizando las intervenciones en el patio de su taller.

Un trabajo para una empresa puede costar alrededor de $ 40.000 y para un particular unos $ 8.000. Pero Ana también comercializa las fotografías de algunos trabajos que realiza, y estas pueden costar, dependiendo del tamaño, unos $ 15.000.

¿De qué se tratan sus trabajos?

De pasar de un espacio tridimensional a uno bidimensional, a través de intervenciones realizadas en un espacio que simula ser una habitación y que contiene elementos como sillas, mesas, botellas, entre otros. Pero lo más llamativo, a nuestro parecer, es la incorporación de una persona en la escena, que también es pintada en dos dimensiones, quedando como resultado final una especie de fotografía.

La escenografía se arma en una semana, decorando el espacio y pintándolo, y a la persona que la complementa la pinta en vivo y en directo si es que se trata de un evento corporativo, en aproximadamente una hora.

Para el Día de los Enamorados seguro regalas un Bon o Bon, pero ¿sabés cómo nació el producto estrella de Arcor?

(Por Jazmín Sanchez) Bon o Bon fue pensado como una respuesta industrial a un bombón ya consolidado en Brasil: Serenata de Amor. Inspirado en ese formato, pero adaptado a la escala, las materias primas y la lógica productiva argentina. El Bon o Bon logró multiplicar variantes, bajar costos y convertirse en un ícono regional que hoy compite de igual a igual —y a menor precio— en la góndola brasileña.