Casi todos somos gammers, dicen desde Personal (y apuestan a su plataforma de juegos)

¿Solitario? ¿Candy Crush? ¿Angry Birds? ¿Apalabrados?  El concepto de consumidor “gammer” excede por lejos al adolescente tardío con pinta de nerd, capaz de jugar en línea con un japonés durante un día y medio sin parar.
Se estima que existen unos 1.000 millones de jugadores de videojuegos en el mundo y que unos 10 millones de argentinos “matan tiempo” con algún juego en su celular o tableta. 
“Hay que diferenciar una aplicación que brinda un servicio pero no necesariamente monetiza y un juego en si mismo, donde la clave es la monetización recurrente, comprando vidas, habilitando niveles y formas diversas”, explican desde Personal, la compañía de comunicaciones móviles que apostó fuerte a la categoría.
En su plataforma Personal Juegos ya reciben más de 1,4 millón de descargas mensuales y montaron un stand temático en Tecnópolis donde -además de contar la historia del videojuego- muestran las últimas tendencias y abrieron un espacio para la Asociación de Desarrolladores de Videojuegos de Argentina (ADVA) que nuclea a las principales 70 empresas de una industria incipiente que emplea 2.000 personas y genera ventas por unos US$ 100 millones al año, un 70% por ventas externas.

Andreani ya mueve 520.000 paquetes por día desde su hub automatizado de Pacheco (abre el juego a pymes y emprendedores)

(Por Julieta Romanazzi) El centro de distribución que la empresa inauguró en General Pacheco a mediados de 2025 empieza a mostrar su potencial. Con tecnología única en América, capacidad para escalar y un servicio de fulfilment que ya suma 15 clientes, el hub se convirtió en la apuesta más grande de la compañía para sostener el crecimiento del e-commerce argentino.

El fenómeno Don Julio: ¿Cuánto cuesta hoy comer en la mejor parrilla de Buenos Aires? (con souvenir “incluido”)

(Por Julieta Romanazzi) La fila de gente esperando una mesa en Guatemala esquina Gurruchaga llama la atención, así como también algunos precios de su carta. El dato que explica el fenómeno: el 80% de las mesas las ocupan brasileños, que llegan con reserva en mano o se resignan a la espera en la vereda con tal de tachar el "Templo de la Carne" de su lista.