Olvidate de la típica postal de obra eterna: obreros rompiendo losas, excavando el living para meter un foso o renegando con motores pesados y aceites hidráulicos. El mercado del real estate premium y las remodelaciones residenciales cambió el chip: hoy el lujo se mide en practicidad, diseño y soluciones llave en mano.
El confort para moverse entre pisos encontró un nuevo estándar que gana terreno a nivel global: los ascensores neumáticos. Y el jugador que manda en la región es Ensa, una firma con 30 años de experiencia que armó una red de distribución en todo Latinoamérica y exporta a los cinco continentes. ¿Su fuerte? Un sistema residencial que soluciona la movilidad vertical usando el principio de vacío.
Y el gran dolor de cabeza a la hora de meter un ascensor en una casa ya construida siempre fue la estructura. Acá el concepto es disruptivo. Al contar con una estructura modular autoportante, el equipo se coloca directo sobre el suelo que ya tenés. No hay que picar abajo ni destinar una habitación arriba para el cuarto de máquinas.
Para los arquitectos es un golazo a nivel diseño y para el dueño de casa una tranquilidad: el ascensor llega y en 24 horas queda limpio, instalado y funcionando.
Tres opciones en catálogo
La tecnología neumática de la marca permite cubrir hasta 5 paradas (4 pisos) y se divide en tres modelos bien específicos según la necesidad de metros cuadrados:
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PVE30 (unipersonal): El más mimado por los desarrolladores para aprovechar esquinas muertas o el hueco de la escalera. Es ultra compacto (750 mm de diámetro exterior) y banca hasta 150 kg.
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PVE37 (2 pasajeros): El término medio ideal para el día a día familiar, con capacidad para 200 kg.
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PVE52 (3 pasajeros o silla de ruedas): La opción XL pensada para la accesibilidad total. Tiene un diámetro de 1316 mm para que ingrese una silla de ruedas sin maniobras raras y soporta hasta 240 kg bajo certificaciones internacionales (ASME e IRAM).
Números sobre la mesa: inversión y costo operativo
Ponerle este upgrade tecnológico y estético a una propiedad va desde los US$ 14.000 los unipersonales y desde los US$ 25.000 los de tres pasajeros. El dato clave para el bolsillo es que el precio ya incluye una parada con la instalación puesta en marcha.
¿Y qué pasa después? El verdadero negocio cierra por el lado del mantenimiento, que es mínimo. Al no tener cables, poleas ni pistones sometidos a fricción constante, el desgaste mecánico es casi nulo. A esto se suma el factor seguridad: si se corta la luz en medio de una tormenta, la cabina no queda varada entre pisos, sino que baja sola por gravedad hasta la planta baja para que los pasajeros bajen sin sustos.