Jugando, jugando, vamos conociendo (y fidelizando y divirtiendo) a nuestros clientes

Las preguntas directas del tipo “¿qué marca, modelo y patente de vehículo posee?” suelen ser la mejor forma de espantar una respuesta. Con públicos cada vez más celosos de su privacidad y menos pacientes para contestar preguntas, la investigación de mercado y la inteligencia de negocios han agudizado el ingenio y proponen plataformas de juegos para obtener información. Y en eso se especializa Playnfo: “mediante el juego logramos captar todo tipo de información que procesamos "just in time" para generar un tablero de información para la toma de cualquier decisión –explica Maximiliano Abrutsky, CEO de Playnfo-; una empresa puede saber si su marca está bien comunicada, si el envase de su nuevo producto va a ser aceptado en el mercado, qué color de auto prefieren las personas o qué sabores le gustan más a la gente en una bebida”.
Montadas sobre tabletas, pantallas táctiles o páginas web, los desarrollos de Playinfo permiten feedback de productos aún no lanzados (o recién lanzados), identificación de preferencias, testeo de publicidad o nuevos envases y medición de conocimiento y posicionamiento de marca.
“La gente suele cerrarse a entregar información, pero mientras está jugando no ofrece reticencia. Ahí entramos nosotros”, resume Maximiliano.

Andreani ya mueve 520.000 paquetes por día desde su hub automatizado de Pacheco (abre el juego a pymes y emprendedores)

(Por Julieta Romanazzi) El centro de distribución que la empresa inauguró en General Pacheco a mediados de 2025 empieza a mostrar su potencial. Con tecnología única en América, capacidad para escalar y un servicio de fulfilment que ya suma 15 clientes, el hub se convirtió en la apuesta más grande de la compañía para sostener el crecimiento del e-commerce argentino.

El fenómeno Don Julio: ¿Cuánto cuesta hoy comer en la mejor parrilla de Buenos Aires? (con souvenir “incluido”)

(Por Julieta Romanazzi) La fila de gente esperando una mesa en Guatemala esquina Gurruchaga llama la atención, así como también algunos precios de su carta. El dato que explica el fenómeno: el 80% de las mesas las ocupan brasileños, que llegan con reserva en mano o se resignan a la espera en la vereda con tal de tachar el "Templo de la Carne" de su lista.