Olvidate de los motores, de la nafta y de cualquier idea sensata. Autos Locos Argentina llega a Mendiolaza el domingo 29 de noviembre con una premisa que entra en una línea: armá un carrito sin motor, subite y tirate cuesta abajo. La cita es de 15 a 18 sobre avenida Tissera, convertida para la ocasión en un circuito con rampas, curvas, zigzags y saltos. Para el público, la entrada es libre y gratuita, y se recibirán alimentos no perecederos que irán a Cáritas Argentina.
Detrás de la movida está Agustín Carletti, que según contó a Mi Valle venía persiguiendo esta idea desde hace mucho tiempo y la presentó en distintos municipios hasta que Mendiolaza le dijo que sí. «Hace más de 15 años que tengo ganas de hacer esto», resumió. Y ya piensa en una segunda edición para el año próximo. Mientras tanto, la inscripción sigue abierta: a principios de octubre había 25 equipos anotados y el cupo se cerrará cuando lleguen a entre 60 y 70.
El primo cordobés de Red Bull
La idea tiene un antecedente ilustre: la Red Bull Soapbox Race, la carrera de carritos caseros que nació en Bruselas en el año 2000 y que se volvió un fenómeno global, con vehículos en forma de tiburón, cohete o bañadera bajando ante multitudes. Allá, como acá, la pregunta nunca fue solo quién llega primero, sino quién llega con más estilo.
Y ese es justamente el desafío: no alcanza con un chasis que ruede, hay que convertirlo en un personaje. Por lo pronto, ya circulan proyectos como una bañera móvil, una botella gigante de fernet, una ducha ambulante y hasta un misil. La buena noticia es que no hace falta romper el chanchito: cartón, goma EVA, telgopor, telas, madera liviana y materiales reciclados son bienvenidos. Eso sí, un carrito pelado puede correr, pero va a quedar muy atrás en la tabla de diseño.
Locos, pero con reglamento
La locura tiene límites, y están por escrito. Pueden competir personas desde los 14 años (los menores, con autorización de sus padres), y cada carrito lleva uno o dos tripulantes, aunque detrás puede haber todo un equipo de constructores, decoradores y animadores. Las medidas máximas son 3 metros de largo y 1,50 metros de ancho y alto. El chasis tiene que ser de caño metálico, la dirección firme y el freno mecánico. ¿Motores? Prohibidos. ¿Ruedas de auto o los clásicos rulemanes? Tampoco. Casco abrochado, calzado cerrado y seguro de accidentes personales, innegociables.
Una bajada, cero ensayos
Acá no hay segundas oportunidades: cada carrito tiene una sola bajada, sin vuelta de prueba, y con obstáculos sorpresa en el recorrido. Si el vehículo se planta, a mitad de camino habrá una zona de asistencia donde el equipo podrá darle un empujón para volver a la carga.
Antes de largar llega el momento de brillar: cada equipo tendrá unos minutos de show con vestuario, música, coreografía, humo escénico, espuma o confeti. Fuego y pirotecnia, ni se te ocurra.
Premios para todos los gustos
Ganar no es solo cuestión de velocidad. Habrá reconocimientos al carrito más veloz, al más creativo, al mejor diseño, a la mejor puesta en escena, a la mejor integración entre carrito y equipo, y un premio del público. O sea: aunque llegues último, todavía podés irte con la copa.