Arrancaron hace 20 años en un local chico preparando cada milanesa a mano. Hoy manejan una de las redes gastronómicas más grandes del país. Pasaron por un primer centro de elaboración de 300 m2, se mudaron después a uno de 1.000 m2 y la demanda terminó apurando la jugada más grande: montar una planta industrial para llevar la escala a un nivel completamente nuevo.
"El error nuestro en el paso anterior fue pensar en duplicar la escala en vez de multiplicarla por diez", admite Federico Salas, creador de la marca junto a Kitty Rosso y Santiago Magliano. La búsqueda les llevó dos años hasta dar con un predio de 5.000 m2 sobre la colectora de la Ruta Panamericana, un punto clave para despachar mercadería de punta a punta del país, desde Jujuy hasta Santa Cruz.
US$ 4,5 millones y tecnología traída de Europa y China
El montaje de la nueva nave de 5.000 m2 exigió entre US$ 4 millones y US$ 4,5 millones. El 85% se bancó con caja propia y el 15% restante salió de un crédito del Banco Nación.
El equipamiento es un mix internacional: cortadoras y prensas alemanas para sacar la carne al gramo; empanadoras nacionales con recupero de pan; y un congelador en espiral (gyro freezer) que llegó desde China en siete contenedores y tardaron siete meses en armar con técnicos locales. La particularidad de este último equipo es que congela una tonelada de producto por hora a -30 °C. Al sumar 250 posiciones de frío (40 veces más capacidad de acopio que antes), pasaron de recibir insumos tres veces por semana a comprar cada 15 días, achicando fletes y mejorando precios por volumen.
Hoy la marca produce 400.000 milanesas al mes, y con esta nueva fábrica y maquinaria de última tecnología el techo saltará a 4 o 5 millones mensuales.
La planta suma además paneles solares (cubren hasta el 80% del consumo diurno), un circuito cerrado que recupera el 90% del agua de lavado y un plan de compactación de residuos para llegar a fin de año con meta "basura cero".
La sociedad con Messi (y los números de la franquicia)
En julio del 2025 se cerró la entrada formal de Lionel Messi como cuarto socio de la empresa, quedándose con el 25% de las acciones (repartidas en partes iguales con los tres dueños originales). La negociación llevó cerca de un año entre auditorías financieras y estructuración legal.
"No es un sponsoreo ni un contrato de imagen, es una sociedad real", aclara Salas. Messi participa en la mesa chica a través de su representante en el directorio, donde se votan las compras grandes, los números del negocio y las aperturas.
La red de El Club de la Milanesa cuenta hoy con 76 locales (12 propios y 64 franquiciados) en nueve provincias, además de tres sucursales en Miami y dos en Uruguay. Trabajan tres formatos: salón, shopping y dark kitchens para delivery.
En Argentina, levantar una dark kitchen cuesta entre US$ 60.000 y US$ 80.000, mientras que un salón va de US$ 180.000 a US$ 250.000. En plazas del exterior como Miami o Montevideo, un local insignia supera el millón de dólares.
Con la capacidad de producción resuelta y la marca registrada en más de 70 países, el directorio ya fijó la hoja de ruta para los próximos años: cruzar el charco y abrir los primeros locales en España, con la mira puesta en Barcelona.
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