El lanzamiento llega a un mercado donde el servicio ya tiene volumen: en Argentina, más de 60.000 familias usan Uber Teens y, desde su desembarco en 2024, los adolescentes hicieron más de 1 millón de viajes a través de estas cuentas.
Cómo funciona
Cuando arranca el viaje, el adulto responsable recibe una notificación en su app y, si la función está disponible, puede entrar a la transmisión desde ahí.
La clave está en el celular del conductor: el video se toma con la cámara frontal del teléfono del socio conductor, que es quien decide si habilita o no la herramienta. Es decir, la disponibilidad depende de que el chofer la tenga activada y de que su dispositivo cumpla con las condiciones técnicas.
Nada de espiar a escondidas: tanto el conductor como el adolescente reciben un aviso cuando el padre, madre o tutor empieza a mirar. Y si la señal se corta, el adulto puede volver a intentar o usar el chat grupal para hablar con el chico y el conductor.
¿Y la privacidad?
Según la empresa, solo puede ver el video el adulto vinculado a la cuenta del adolescente, y el acceso se cierra apenas termina el viaje. El contenido queda encriptado y Uber solo puede acceder a él si se hace un reporte, como parte de sus procesos de seguridad y soporte.
"La tecnología nos permite seguir aprendiendo y adaptar la experiencia a las necesidades de distintos usuarios. En Uber venimos innovando en soluciones de video aplicadas a los viajes y hoy damos un nuevo paso con Video en Vivo para Uber Teens", explicó Eleonora Turk, gerente de Comunicaciones de Seguridad de Uber para Cono Sur.
Autonomía, con red de contención
Uber Teens funciona como una cuenta vinculada al Perfil Familiar de un adulto. Los chicos piden sus propios viajes, pero solo los pueden tomar conductores con experiencia y altas calificaciones.
A eso se suman herramientas que se activan de forma automática: seguimiento del viaje en tiempo real, verificación con código PIN, grabación de audio y chat grupal entre el adolescente, el adulto y el conductor. Ahora, el video se agrega como una capa más.
¿La lógica? Darles a los adolescentes más independencia para moverse, sin que las familias pierdan de vista el recorrido.