Ciudad del Cabo (África)
(Especial El Galeón) Considerada la ciudad más bella del continente, la capital legislativa de Sudáfrica combina playas y naturaleza. Ideal para disfrutar de safaris y repasar momentos históricos del apartheid.
Al hablar de Sudáfrica se nos viene a la mente el Campeonato Mundial de Fútbol. En este vasto país, el turismo ocupa un lugar preferencial: es un destino de plena naturaleza, tal vez el más representativo del Continente Negro. El extenso territorio que limita con la confluencia de dos océanos resulta una nación con una convulsionada historia y vibrante presente.
En Ciudad del Cabo, la más bella de África, hay fauna y flora únicas entre montañas tapizadas de flores. Aquí existe, codo a codo, todo el lujo de una gran urbe matizada por un medio ambiente pleno donde habita una rica fauna marina.
Las aguas del océano Atlántico se baten con fuerza en la zona de la Bahía de Bantry, en plena Península del Cabo, arrastradas por la corriente fría de Benguela proveniente de la Antártida. Ni aun en pleno verano éstas son cálidas: la diferencia de temperatura con la costa oriental (Durban) supera los 15ºC. Sin embargo, el color turquesa y la transparencia de esas aguas, más la aptitud para los deportes acuáticos, constituyen un imán magnífico. Por eso, tal vez, los bañistas se ven atraídos por el frío en la piel que estimula y activa el cuerpo.
Las Playas de Clifton y Camps Bay –a más de ocho kilómetros del centro de la ciudad- parecen un gran oasis de arena que los viajeros recorren y donde se tiran a tomar sol luego de la inmersión. Desde la Montaña de la Tabla, un jardín de flores perfuma con aromas a las rocas y al ambiente salino de la costa entre colonias de animales marinos.
Años de lucha
Ciudad del Cabo, también conocida como Cape Town en inglés o Kaapstad en lengua afrikáners, fue habitada desde hace miles de años por primitivos pobladores que construían sus habitaciones en cuevas, especialmente alrededor de la llamada Cueva Peers. Eran los bushman (“cazadores”).
Sucesivos navegantes europeos llegaron hasta estas costas. Se estima que fue un portugués, Bartolomé Díaz, quien avistó por primera vez el lugar hacia 1486, pero sin establecerse allí. Sin embargo, pasaron casi dos siglos hasta que en 1652 el holandés Jan van Riebeeck estableció una colonia como punto de descanso en la larga travesía que unía Europa con India. A fines del siglo 18, los ingleses desplazaron a los holandeses y, finalmente, en 1814 la región quedó incorporada al imperio británico. A lo largo del siglo 19, el descubrimiento de oro dio lugar a las guerras anglo-boers (boers significa “granjero” en idioma holandés). Exactamente 100 años atrás, la ciudad fue proclamada capital de la Unión Sudafricana. Las luchas entre los colonizadores europeos y la población originaria, desplazada por éstos, causó incontables conflictos.
En la segunda mitad del siglo 20 llegó la política de segregación racial o apartheid, que perduró hasta 1994. Durante esa época, los negros africanos tenían prohibido ingresar a la ciudad. La prisión en la isla Robben simbolizaba aquella discriminación y la lucha por alcanzar la igualdad y la democracia.
Tras las huellas de Mandela
Hoy, Sudáfrica está gobernada por una democracia pluralista. Desde que terminó el apartheid, y bajo un pujante desarrollo económico, Sudáfrica abrió sus conservadas y milenarias tradiciones: pluralidad religiosa, diversidad étnica y múltiples atractivos naturales. Sin dudas que en este país grandioso, uno de los lugares más importantes para visitar es Ciudad del Cabo, una de las localidades más significativas de la nación y capital legislativa de la misma.
Distinguida por su privilegiado entorno natural de paradisíacas playas y montañas de ensueño, esta localidad constituye una de las joyas sudafricanas por excelencia, donde se conectan la naturaleza al lado del lujo urbano como en pocos otros sitios del planeta. Ciudad del Cabo es considerada, por su nivel de vida, la primera ciudad del continente africano.
Cada día, el Muelle Victoria y Alfredo (al norte del centro) reitera el ritual de abrir sus puertas a los visitantes desde muy temprano. Sonrisa y amabilidad reciben a miles de turistas que, provenientes del mundo entero, caminan por sus calles y avenidas adornadas de árboles y flores. Son muchos los que suben y bajan escalones del puerto para visitar a la isla Robben, el sitio penitenciario donde estuvo detenido, durante más de 18 años, el líder del movimiento antiapartheid Nelson Mandela. Cámara en mano, ingresamos a un ambiente que busca recrear lo que alguna vez vieron y sintieron los prisioneros en ese lugar, a sólo 10 kilómetros de la costa.
Naturaleza artística
Otros viajeros caminan sobre rocas desgastadas, entre caprichosas grietas, ascendiendo escalones de pendientes pronunciadas para llegar hasta la cima de la Montaña de la Tabla (bautizada así por su contorno, muy similar a una mesa), de acantilados tan pronunciados que semejan paredes verticales de cientos de metros de altitud. Desde la cima, a mil metros, los peñascos parecen rodear a los edificios de la ciudad, el puerto y su entorno –situados al norte- como si conectaran, de manera perfecta, el cielo y la tierra.
El Continente Negro, y muy especialmente Sudáfrica, siempre atrajo a los turistas por la aventura de vivir un safari, en el que se pueden observar en directo y en su ambiente natural a elefantes, gacelas, cebras, leones y muchos otros. Sin embargo, pocas veces tenemos conciencia de que, además, este país ofrece una magnífica diversidad de vida marina en sus costas.
Por carretera, bordeando siempre el Atlántico, llegamos a Hermanus, ideal para los amantes de las ballenas. Pero aquellos que quieran experimentar algo diferente, hay una excursión que pone los pelos de punta. Tras viajar dos horas al sur de Ciudad del Cabo, llegamos a un sitio conocido como Gans Bay. Allí, después de colocarnos un traje de neopreno, entramos en unas jaulas y comenzamos a descender hacia las profundidades del océano. Al cabo de unos minutos, quedamos literalmente rodeados de tiburones…
Circuitos nocturnos
Y si ya hemos quedado extasiados de tanta naturaleza, la vida nocturna de la ciudad nos invita a lugares repletos de bares, música, sitios de comida internacional y tiendas para todos los bolsillos: Long Street. Allí, transitamos hasta altas horas de la noche, insertándonos en la vorágine urbana y el bullicio a cualquier hora. Es el sitio obligado de bohemios, artistas y jóvenes.
Pronto, si así lo queremos, podemos quedar rodeados de bandas sonoras y desenfrenos en un lugar mágico para disfrutar, conocer a otros viajeros y hacer amigos de todos los rincones del planeta que llegan para vibrar con el Campeonato Mundial de Fútbol. Otra tentación más para conocer a esta magnífica ciudad sudafricana.
Hoja del viajero
La mejor época para ir:
Todo el año es accesible, aunque se recomiendan las estaciones intermedias.
Requisitos migratorios:
Pasaporte con validez de, al menos, seis meses desde la fecha de entrada al país.
Paseos:
Ciudad del Cabo: edificios antiguos y museos sobre arte, historia y modas; el Parlamento y la estación de trenes; ascenso a pie o en funicular a la cima de la montaña de la Tabla (600 metros) con excelentes vistas de la ciudad. Para los noctámbulos hay una agitada vida nocturna alrededor de Long Street. En los alrededores se combinan bellezas naturales y playas.
Compras:
Piedras preciosas y semipreciosas, cerámicos, batiks, saris (vestidos de estilo hindú) y especias. Costa: conchas marinas y peces exóticos conservados en formol. Mobiliarios de la época victoriana y de estilos holandés, francés e inglés.
Comidas:
La gastronomía es muy rica y variada, dada la gran diversidad cultural del país: hay platos europeos, africanos e hindúes. Algunos ejemplos: sosaties (kebab de carne y salsa picante); potjiekos (guiso con verduras y carne) y braai (carne asada). Vinos dulces, blancos y rojos; cerveza suave y umqombothi (casera).
Alojamiento:
Los precios, debido al Mundial de Fútbol, están ahora más elevados. Hoteles cuatro y cinco estrellas: entre 300 y mil dólares por día. También hay cabañas rurales (rondavels) y granjas rurales en casas de campo con excelentes servicios.
Tips y curiosidades
- El 81 por ciento de la población sudafricana es negra y, si bien el apartheid finalizó, existen grandes desigualdades económicas con los blancos.
- Llevar ropa de abrigo: en Ciudad del Cabo hay mucho viento.
- Adaptador de enchufes de tres (se compran allí).
- El impuesto al valor agregado (IVA) ronda el 14 por ciento. Antes de partir del aeropuerto se reembolsa a través de facturas y certificados.
- El centro de la ciudad resulta seguro. Hay mucha presencia de policías. De noche no conviene caminar solo por zonas desconocidas.
- Vacunación recomendable para otras regiones: tétanos-difteria, hepatitis A. La malaria es endémica en el noreste del país (Parque Kruger), por lo cual se recomienda tomar medicamentos para prevenirla antes de hacer un safari.
Contactos
Códigos de área telefónicos:
Sudáfrica: 0027. Ciudad del Cabo: 21.
Hospital:
Christiaan Barnard Hospital: Calle Longmarket 181. Tel. (021) 480-6111.
Emergencias:
Policía, bomberos y ambulancia: Tel. 107 (desde un teléfono fijo).
Embajada de Sudáfrica:
Buenos Aires: Marcelo T. de Alvear 590. Piso 8. Tel. (011) 4317-2900.
Internet:
www.tourismcapetown.co.za