Viajamos por Liubliana (Europa)
(Especial El Galeón) Su patrimonio histórico y monumental, así como sus variadas celebraciones culturales, convierten a esta ciudad capital de Eslovenia en un destino ideal para conocer.
Liubliana, capital de Eslovenia, es una hermosa y pequeña ciudad que se recorre a pie. Conviene empezar por la plaza Preseren, centro neurálgico dedicado al gran poeta esloveno Frances Preseren, cuyos versos se hallan plasmados en el himno nacional de Eslovenia. Al frente de la plaza se ubica la Iglesia Franciscana de la Anunciación, que data del siglo 17. Está construida en estilo italiano y llama la atención el color colorado de su exterior.
Luego de contemplar la gran estatua de bronce dedicada al poeta y de apreciar el magnífico paisaje entre turistas, locales y espectáculos callejeros, cruzamos el río Ljubljanica. Este río de gran caudal está atravesado por diferentes puentes de estilos dispares pero igualmente bellos. El más representativo de la ciudad resulta el Puente de los Dragones. Este animal es el símbolo de la ciudad. Cuenta la leyenda que escapando Jasón y sus argonautas del rey Aitea, a quien habían robado el vellocino de oro, cruzaron mares y ríos hasta atravesar el Ljubljanica, donde Jasón se enfrentó a un terrible dragón a quien dio muerte y tras su victoria fundó la ciudad. El puente fue construido a principios del siglo 20, en honor al emperador Francisco José, en estilo art nouveau y le hacen guardia cuatro grandes dragones. Otro puente por el que atraviesa el río es el famoso Puente Triple, obra del arquitecto Plecnik. Éste originalmente era uno solo, pero se le agregaron dos ramales idénticos para facilitar el paso de la multitud al casco histórico de la ciudad.
Al cruzar el río llegamos al Mercado Central, obra también de Plecnik. La fachada de Trznica, como es conocido el mercado, es famosa por su belleza constituida de elegantes ventanas, un gran balcón y una serie de columnas de estilo neoclásico. Este lugar resulta una buena opción para almorzar mariscos en alguno de sus puestos y comprar vinos, alimentos frescos, flores y artesanías de la ciudad.
A la vuelta del mercado nos encontramos con la Catedral de San Nicolás, construida por los romanos y modificada a través de los años, donde podemos observar lápidas romanas, medievales y barrocas en su exterior y asombrarnos por los trabajos realizados en bronce expuestos en sus puertas.
Más allá de los puentes
En la ciudad se mezclan por todos lados la arquitectura barroca de origen italiano y el modernismo germánico. Esta conjunción de estilos llega a su fin al dirigirnos a la cima de la colina, a pie por sus bosques o en funicular, para avistar el grandioso Castillo de Liubliana.
Construido durante el siglo nueve, el castillo fue aumentando y modificando su tamaño hasta el siglo 20. Sirvió de residencia de la familia Spannheim, soberana de la región; pasó a manos de los Habsburgo; funcionó como prisión y fuerte de armas hasta que a principios del siglo 20 el municipio compró el castillo con fines culturales. Hoy en día se pueden visitar muestras, ver teatro y escuchar conciertos. Vale la pena subir a la torre del mirador para apreciar la gran vista panorámica de la ciudad.
Para finalizar el día recomendamos reservar una habitación en el hostel Celica, antigua prisión devenida en hostel y galería de arte. Lo que antes eran celdas son ahora habitaciones y el edificio pintado de muchos colores borra el gris de antaño. Por último, visitamos el Centro de Arte Alternativo que se encuentra a unos metros del Celica, donde apreciamos muestras de arte joven y disfrutamos de un aperitivo.