En ese escenario aparece SIP Soda Wellness, una marca producida íntegramente en Córdoba que busca posicionarse dentro de un segmento todavía nuevo en el país: el de las “wellness sodas” con prebióticos.
“Hace un año que estamos en el ruedo y el cambio fue enorme. Antes teníamos que explicar qué era una wellness soda; hoy la gente ya empieza a relacionarlo con bebidas naturales y funcionales”, cuenta Gabriel Galarza, uno de los socios fundadores de la empresa cuya producción se realiza en la localidad de Montecristo.
La apuesta llega en un contexto donde el consumidor empezó a modificar hábitos: menos alcohol, más productos plant-based, más lectura de etiquetas y mayor interés por ingredientes asociados al bienestar.
Según explican desde SIP, el foco no está puesto en competir con las gaseosas tradicionales sino en construir una categoría distinta. “No vamos al nicho de la gaseosa tradicional ni tampoco al vegano solamente. Hoy el consumidor busca funcionalidad, bienestar y productos con propósito”, explica Galarza.
La tendencia no es aislada. Grandes compañías internacionales ya comenzaron a mover fichas hacia este segmento. PepsiCo, por ejemplo, adquirió recientemente marcas vinculadas a bebidas funcionales y prebióticas, mientras que gigantes históricos del consumo masivo empezaron a lanzar líneas “naturales” o enriquecidas.
“En Estados Unidos, de cada diez góndolas, ocho ya son de productos funcionales y solo dos tradicionales. En Latinoamérica viene más lento, pero está creciendo año a año”, agrega.
La licenciada en nutrición Camila Figueroa (MP 2506/2) explica que una bebida funcional es aquella que, además de cumplir una función alimentaria básica, aporta beneficios específicos al organismo.
En el caso de SIP, la fórmula incluye ingredientes de origen vegetal, vitamina C, antioxidantes e inulina, una fibra prebiótica vinculada al cuidado de la microbiota intestinal.
“Hoy está muy estudiado que una microbiota saludable impacta no solo en la digestión sino también en el metabolismo, la ansiedad e incluso el estado de ánimo. Por eso empiezan a aparecer productos que incorporan este tipo de ingredientes”, señala la especialista.
El cambio responde también a una mayor conciencia sobre el consumo prolongado de ultraprocesados. “La gente empieza a entender que muchos problemas de salud no aparecen de un día para otro, sino después de años de alimentación basada en productos de baja calidad nutricional”, sostiene.
Uno de los cambios más notorios aparece en las nuevas generaciones. Según cuentan desde la marca, en ferias como Bioferia (uno de los eventos de sustentabilidad y consumo consciente más importantes del país) adolescentes y universitarios ya preguntan directamente si los productos son naturales antes de probarlos.
“Hay generaciones que directamente ya no toman alcohol o buscan otras formas de socializar. Empiezan a aparecer mocktails, bebidas funcionales para relajarse, para enfocarse o simplemente para sentirse mejor”, afirma Gabriel.
La marca, que ya tiene presencia en Córdoba, Rosario, Buenos Aires y aeropuertos de todo el país, asegura que el crecimiento del segmento está directamente ligado a esa transformación cultural.
Uno de los puntos más complejos para las marcas funcionales sigue siendo la percepción sobre ingredientes como el azúcar o los sellos frontales. Le consultamos a SIP sobre el uso de este ingrediente: “Utilizamos azúcar orgánica en pequeñas cantidades y evitamos los edulcorantes artificiales, una decisión que responde tanto a cuestiones de sabor como de formulación”. Por su parte, Camila, agregó: “La ley de etiquetado frontal es útil, pero el alimento también hay que entenderlo como un todo. No alcanza con mirar el sello: hay que leer ingredientes y contexto nutricional”.
No obstante, este tipo de bebidas no reemplaza al agua para la hidratación diaria. “Siempre el agua debe ser la principal fuente de hidratación. Pero si alguien consume habitualmente gaseosas industriales o jugos ultraprocesados, pasar a bebidas funcionales puede ser una mejor alternativa”, afirma la lic.
“Queríamos hacer un producto con propósito, con ingredientes reales y fabricado en Córdoba. No negociamos calidad para bajar costos”, afirma el socio.
La empresa produce en Montecristo y asegura que busca posicionarse desde la transparencia y la conciencia sobre lo que consume el usuario.