Los tatuajes ganan terreno y ya no son un “discriminador” para ascender en el trabajo

Poco a poco se instala (y acepta) la idea de ver a empresarios con tatuajes, sin que esto vaya en desmedro de su “seriedad” o “profesionalidad”. Y no nos referimos a los pequeños tribales o letras chinas que antes se hacían con timidez, hablamos de brazos, piernas y hasta espaldas enteras con diseños “jugados”.
“Hace unas semanas vino un empresario importante de Magna International Company de Canadá a tatuarse un dragón que comenzaba en la parte superior del brazo izquierdo, cruzaba la espalda y terminaba en el omóplato derecho”, nos cuenta Leo Velazquez, encargado del local Amilkar de Nueva Córdoba.
En tanto, Sebastián Farías, gerente comercial de Manpower explica que los tatuajes en empresarios con cargos altos recién se encuentran en los jóvenes menores de 40 años: “Es una cuestión etaria, ya que por lo general antes los tattoos eran elementos a considerar a la hora de entrar en una empresa; ahora valoran más la formación”.

“Hemos recibido gente que es asistente de directorios, subgerentes y empresarios de obras sociales”, detalla el encargado de Amilkar y agrega: “Ayer recibimos a una mujer de 50 años que se tatuó los nombres de sus hijos en el antebrazo y también tuvimos como cliente a un médico cardiólogo de 70 años que se inmortalizó las iniciales de sus bisnietos”.
Guillermo Pokaluk, dueño de Inferno Tatuajes, afirma que la movida de los tatuajes se está despojando de los prejuicios y aclara: “De hecho, he tenido como cliente a un médico cirujano a quien le tatué toda la parte del brazo superior”.
¿Vos tenés tatuajes? De ser así, ¿tuviste problemas en el ámbito laboral?

El fenómeno Don Julio: ¿Cuánto cuesta hoy comer en la mejor parrilla de Buenos Aires? (con souvenir “incluido”)

(Por Julieta Romanazzi) La fila de gente esperando una mesa en Guatemala esquina Gurruchaga llama la atención, así como también algunos precios de su carta. El dato que explica el fenómeno: el 80% de las mesas las ocupan brasileños, que llegan con reserva en mano o se resignan a la espera en la vereda con tal de tachar el "Templo de la Carne" de su lista.