Una de las consignas es no volver de la playa o el río a enfundarnos en estrictas faldas oscuras y camisas blancas; sigamos llevando atuendo veraniego al trabajo, plataformas coloridas o tacos bajos, pero sin escapar del glamour. No nos saquemos las tobilleras hasta fines de marzo y elijamos licuados y minutas ligeras a la hora del almuerzo, una ensalada de frutas a media tarde (si puede ser hecha en casa mejor, así podemos agregarle melón, mango, maracuya y alguna otra fruta tropical ecuatoriana que nos traslade con el sabor a las praias verde-amarelas) y al momento de elegir el extracto para nuestro hornito a vela, que sea una esencia de coco, almendras, melones o sandías, simulando el perfume de los acondicionadores, cremas y bronceadores que nos acompañaron esos 15 días de esparcimiento y pasividad.
De esta manera, les creamos un “acting” a nuestros sentidos, haciéndolos seguir conectados con los momentos que vivimos durante nuestras vacaciones, sin necesidad de ser menos productivos o eficaces en las tareas diarias. Luego, llegará marzo y sentiremos que los 15 días se nos prolongaron en el tiempo y sin darnos cuenta, estaremos con ganas de recibir el ritmo del otoño, bastante más acompasado por cierto, con nuevos olores y colores para deleitarnos. Y vos, ¿cómo aggiornaste tu espacio de trabajo? ¡Contanos!
(En la galería, algunas opciones veraniegas para seguir yendo de vacaciones a la oficina).
Recreando un escenario para nuestros sentidos
(by L`etiquette de Anabella Rao y Pamela Moreta) El periodo vacacional siempre nos queda corto; o mejor dicho, nos gustaría que se prolongara en la oficina o en nuestro trabajo, por lo menos lo que dura la temporada estival. ¿Cómo podemos lograr recrear un clima vacacional en el trabajo, que las actividades sigan con el mismo compromiso y las responsabilidades de siempre, pero sentir que estamos haciendo homeworking al lado de una palmera?
No es tan difícil: la idea es recrear un nuevo escenario para “engañar” un poquito a nuestros sentidos. (Vení, pasá y enterate cómo).