Antes que nada te anticipo, la Villa está a tope por lo que circular por avenida Cárcano en cualquier sentido (y a toda hora) es un desafío que requiere máxima paciencia, temple de maestro Zen o al menos un ansiolítico.
Llegás por asfalto a la comuna y desde allí unos tres mil metros de típicos caminos de tierra serranos te llevan al parador. Abonás una entrada de diez pesos, estacionás en parking privado, y ya accedés al predio y al pleno uso de las instalaciones.
El entorno es maravilloso (los aborígenes no erraron el nombre), el San Antonio se presenta precioso… “volada” sobre un deck de madera encontrás la pileta, un poquito más abajo el quincho/barraca con el correspondiente despacho de sólidos/líquidos, al lado la cancha de voleibol y los senderitos te llevan directamente al río y por supuesto al solarium de arena y piedras.
El público es subtreinta por lo que “la onda” y el clima que se vive es absolutamente festivo y descontracturado (ojo, no escandaloso)… la organización propone una agenda de eventos y a nosotros nos tocó disfrutar un grupo de ritmos brasileros.
Vamos con algunos valores referenciales: cerveza de mil centímetros a veinticinco pesos, agua mineral de quinientos centímetros a diez pesos, cualquier gaseosa de quinientos centímetros a diez pesos, vaso fernet y coca de mil centímetros a cuarenta pesos (llegan las promotoras y corren promos dos por uno), vaso daiquiri de mil centímetros a cuarenta pesos, sándwich tostado a diez pesos, sándwich hamburguesa a veinticinco pesos, sándwich milanesa a treinta y cinco pesos, empanadas a cinco pesos la unidad, y la estrella del verano, el melón calado con la bebida en su interior a cuarenta pesos.
Para destacar: ¡la temperatura de las bebidas!... te conviene visitar al dentista antes de consumirlas.
La fotogalería te acerca un “pastillita” de lo que vimos, si te dan ganas de ver todo el material visitá el blog de InfoHombres.
¡Enjoy! y nos vemos.