Batakis a nada de ser "la Pugliese" de Alberto (el paso siguiente, Jesús Rodríguez, es con transición política a la vista)

(Por Íñigo Biain) Sí, sí, tenés razón: el pasado no es siempre un buen predictor del futuro pero sí es un buen cartógrafo: te muestra posibles escenarios de lo que vendrá. Aproximaciones. Las chances de Batakis de "hacer pie" se pierden como lágrimas en la lluvia. Tiempo de política.

El tiro del final de Alfonsín: Jesús Rodríguez asume como ministro de Economía (a la izquierda el vicepresidente cordobés Víctor Martínez; a la derecha el ministro saliendo, Juan Carlos Pugliese).

Juan Carlos Pugliese (el anteúltimo ministro de Alfonsín) duró un mes y 13 días hasta salir eyectado del quinto piso de Economía. Batakis lleva 16 días y sus movimientos se parecen a quién cayó en arenas movedizas: cualquier cosa que intenta agrava su situación.

Ver para entender: ¿Quién quiere ser el Pugliese de Alberto?

Es que no es Batakis. Es la base política del gobierno la que no hace pie y desequilibra todo lo que cae en su zona de influencia.

Los 45 días de Pugliese como Ministro de Economía en 1989 incluyeron uno de los mayores índices de inflación de la historia argentina: 79% mensual en mayo de ese año. 

Por ahora Batakis está lejos de eso: julio pinta para un 7% y agosto para 10%. Pero -recordemos- antes de llegar a los 79% de Pugliese, la escalera había sido 10%, 17% y 33% en los meses previos.

Batakis intentará algunas cosas antes de que el gobierno se resigne a hacer lo que no quiere: devaluar el peso de manera consistente, generando un nuevo fogonazo inflacionario y disparando -quizás- el tiro del final a este ciclo político.

Visto con el mapa del pasado, el gobierno ingresa en un jardín de senderos que se bifurcan pero conducen luego a lo mismo: pueden venir una sucesión de ministros de Economía inconsistentes como los que sucedieron a Celestino Rodrigo en 1975 (Corvalán Nanclares, Bonanni, Cafiero, Mondelli) o encontrar un hombre (como Jesús Rodríguez en 1989) que lleve el timón estropeado hasta un nuevo puerto institucional.

El problema es que ambos eventuales caminos (el de muchos ministros "cortos" o el de uno "último") deberían durar más de un año largo hasta elecciones y recambio presidencial.

Hoy las PASO de agosto 2023 parecen demasiado lejos para el momento político y económico. 

La historia vuelve a proponer sus mapas: a principios de 1976 el radical (en la oposición) Ricardo Balbín había dicho el célebre "hay que llegar a las elecciones -de septiembre de ese mismo año- aunque sea con muletas". Es lo que piden ahora radicales y cambiemitas: que el gobierno ponga un "torniquete" y pare su desangre (o lo dosifique) con miras al 10 de diciembre del año próximo. Complicado.

En los suburbios de la política (con Guillermo Moreno como su más visible exponente) ronda la idea de una Asamblea Legislativa contemplada en la Ley de Acefalía. A eso se debería llegar tras una renuncia de ambos Fernández. La norma contempla la asunción del presidente provisional del Senado (hoy la ex gobernadora de Santiago del Estero, Claudia Ledesma Abdala) y -si no aceptara- el presidente de la Cámara de Diputados (hoy Sergio Massa). Si nadie acepta,  debería ser el presidente de la Corte Suprema, Horacio Rosatti, quien conduzca el país en el camino a las elecciones de 2023. 

Conjeturas, sí. Pero las conjeturas del pasado suelen ser el presente de algún futuro. Al fin y al cabo siempre terminan sucediendo algunas de las cosas que nos imaginamos que iban a pasar.

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