Bizarrap con Forbes

Nacido en Buenos Aires y con solo 24 años, sus cifras de reproducción en YouTube y Spotify dan fe de un fenómeno que ya es global.

Aunque se encuentre de gira, como sucedió durante todo este verano en nuestro país, el productor de música electrónica argentino Bizarrap no descuida su inspiración. Cada vez que tiene la oportunidad de respirar un segundo, encuentra un hueco y busca un estudio para juntarse con otros artistas. Pura creatividad. “En la maleta llevo mi controladora para hacer música. También unos sintetizadores que uso mucho y con los que siento que consigo sonidos que ya le dan mi propia firma a las canciones. Los uso desde el tema que grabé con Nathy Peluso, desde entonces siempre aparecen”.

Se refiere a la Bzrp Music Sessions #36, publicada hace menos de dos años, uno de esos temas cuyos vídeos acumulan millones de visualizaciones en YouTube y que han convertido en una estrella a Bizarrap. Quizá esa necesidad creativa a la que es imposible poner freno y su talento musical innato para sorprender sirven para explicar su éxito a nivel planetario. A lo que también hay que sumar su capacidad para anticiparse y conectar con el gusto del público.

Él es uno de los últimos y más potentes fenómenos mundiales en la industria de la música. “Antes trataba de hacer beats (ritmos) todo el tiempo, pero ahora intento solo producir música que vaya a salir. Hago canciones completas, cuando antes hacía diez beats al día. Ahora me junto con los artistas en vivo y surge en el momento. Si llego a Madrid y quiero colaborar con alguien, simplemente lo llamo y lo hacemos”, reconoce durante la sesión de fotos en la que posa para la portada de Forbes España.

Para el Día de los Enamorados seguro regalas un Bon o Bon, pero ¿sabés cómo nació el producto estrella de Arcor?

(Por Jazmín Sanchez) Bon o Bon fue pensado como una respuesta industrial a un bombón ya consolidado en Brasil: Serenata de Amor. Inspirado en ese formato, pero adaptado a la escala, las materias primas y la lógica productiva argentina. El Bon o Bon logró multiplicar variantes, bajar costos y convertirse en un ícono regional que hoy compite de igual a igual —y a menor precio— en la góndola brasileña.