Facundo Capelli y Gonzalo Ardú arrancaron en 2013 gestionando un tostadero. Doce años después tienen dos marcas (que tienen proyección de crecimiento de entre un 15% y un 20% anual), más de 380 clientes activos, una planta de 1.200 m2, y una tostadora holandesa que cuando la trajeron era una de las primeras de esa marca en Argentina.
Con su marca Ardú hoy abastecen a más de 300 cafeterías en Córdoba, Catamarca, La Rioja y Santiago del Estero. El modelo es B2B puro: prestan la máquina en comodato, venden el café y se encargan del servicio técnico (incluso los fines de semana y feriados). Ese último punto no es un detalle menor. "Si a una cafetería no le funciona la máquina un domingo a la mañana, perdió la facturación del día", dice Capelli. El servicio es, en definitiva, parte del producto.
Por su parte Rito llegó en 2021 (después de la pandemia), y con un perfil diferente: café de especialidad, mismo modelo de comodato, apuntando a los locales que empezaban a diferenciarse con propuestas más cuidadas. Esta marca que abastece hoy a cerca de 80 cafeterías, fue, según sus fundadores, una de las primeras de café de especialidad en Córdoba en ofrecer máquina prestada, algo que en ese nicho no era habitual (o la comprabas o ya la tenías).
¿Por qué dos marcas diferentes? La decisión de separarlas fue deliberada. Vieron que algunos clientes estaban haciendo cosas muy distintas a los más tradicionales y entendieron que no podían atender a los dos perfiles con la misma identidad. Ardú y Rito comparten infraestructura pero comunican diferente, tienen en algunos casos equipamiento diferente y apuntan a perfiles de cliente diferentes.
Su última incorporación (tecnológica)
Uno de los saltos tecnológicos más importante de Ardú y Rito llegó con la nueva tostadora Giesen, con la cual pasaron de tostar 100 kilos por hora a 300. La máquina es de una marca holandesa que figura entre las tres mejores del mundo en su categoría y que patrocina eventos como los World Coffee Championships (cuando la adquirieron, era una de las primeras de esa marca en Argentina).
El argumento para esa inversión es concreto: consistencia. "El café es una semilla que cambia todos los años. La máquina te permite controlar variables, guardarlas y replicarlas", explica Capelli. Antes era normal que un lote saliera más oscuro que otro. Con este nivel de control, eso no pasa. La producción actual ronda las 800.000 tazas de café por mes entre ambas marcas.
El origen de su café
Colombia, Brasil y Perú son los tres orígenes que Ardú y Rito importan de forma directa. Cada origen es un contenedor, lo que implica volumen, gestión de muestras, cata, relaciones con exportadores y toda la logística de importación. Según nos cuenta Capelli, en los últimos años viajaron a fincas, visitaron producciones y construyeron vínculos con proveedores para garantizar trazabilidad. No es un diferencial menor en un mercado donde el consumidor cada vez pregunta más. "Hoy la gente te pregunta de dónde viene el café, quién lo cultivó, cómo fue procesado. Tener esa información cambia la conversación con el cliente", nos cuentan.
El local en Nueva Córdoba (que no es cafetería)
El nuevo punto de venta no es una cafetería. No venden café servido (sería competirle directamente a sus propios clientes) sino café en bolsa para preparar en casa y accesorios. La idea de esta propuesta es también que funcione como espacio de formación: el local integra su Escuela de Baristas, donde brindan cursos, talleres y catas, para quienes quieran adentrarse en el mundo del café.
El diseño interior separa físicamente las dos marcas: una zona Ardú y una zona Rito, con paletas visuales diferenciadas. Una parte más accesible y otra más orientada al café de especialidad, pero dentro del mismo local. Ya tienen experiencia en ese formato: en Villa Belgrano mantienen un punto de venta que funciona como showroom y retiro de productos.
De la fábrica a la góndola, y de la góndola a la casa
La marca Ardú está lanzando su línea de café molido en cuatro variedades orientado a supermercados, dietéticas y locales delicatessen. La apuesta es entrar en un segmento que hoy dominan las marcas masivas de siempre, pero con un producto más cuidado y trazable.
"Antes era impensado pagar el doble por un café. Hoy la gente joven lo hace, por salud, por gusto, por curiosidad", dice Capelli, remarcando que el perfil del consumidor cambió, hay más jóvenes en las cafeterías, más preguntas sobre el origen, y hasta más interés en el proceso. Durante años, casi todo el café que Ardú y Rito vendían llegaba al consumidor final a través de una cafetería. Este producto apunta a saltear ese intermediario y llegar directo al hogar.