Hay una discusión que empieza a correrse del déficit, el dólar o la inflación. Y es más incómoda: qué está pasando con el poder adquisitivo. El último informe TISA —Tendencias de Incrementos Salariales en Argentina— elaborado por Mercer a partir de 500 empresas de distintas industrias y tamaños, vuelve a poner ese punto sobre la mesa con números concretos.
La mediana del presupuesto de aumentos salariales proyectado para 2026 alcanza el 27% para el mercado general —un punto porcentual más que la edición anterior del mismo informe. El problema es que las expectativas de inflación para el año, según proyecciones privadas relevadas por Latin Focus Consensus, se ubican en 29,8%. La brecha es de casi tres puntos. Y en economías con memoria inflacionaria, tres puntos son la diferencia entre sentirse bien y sentirse mal.
"Las organizaciones continúan revisando y ajustando sus presupuestos salariales, ya que de momento la expectativa de inflación anual se mantiene por encima del incremento total previsto", reconoció Inés García Toscano, gerente de Career y Rewards de Mercer Argentina, Paraguay y Uruguay.
La película larga que no mejora
El dato mensual puede marear. La película larga preocupa más. Un informe anterior del IARAF, al timón de Nadin Argañaraz, ya había advertido sobre esta dinámica: en febrero de 2026, los salarios privados crecieron 2,4% contra una inflación de 2,9%. En la comparación interanual, la caída llega al 4,1% en el sector privado y es más pronunciada en el público.
Pero el dato más revelador es el histórico: comparado con 2017 —el último pico relativamente alto de salario real—, el trabajador privado perdió alrededor de un 20% de su poder adquisitivo y el público cerca de un 35%. En términos concretos, el equivalente a 16,2 salarios mensuales para el privado y 22 salarios para el público. Una cifra que no es solo económica: es política.
Lo que mide el m2 del votante
El Gobierno logró estabilizar variables que venían desordenadas —inflación, tipo de cambio, déficit fiscal— y eso fue condición necesaria para el proceso electoral que viene. Pero estabilizar no es lo mismo que mejorar. Y esa diferencia es la que define el clima social.
Hay una variable que ningún modelo macroeconómico puede capturar del todo bien, que es lo que el votante percibe en su bolsillo cuando va al supermercado, cuando paga el alquiler, cuando calcula si puede o no tomarse vacaciones. Eso que algunos llaman el "m2 del votante" —el metro cuadrado emocional de su situación económica personal— es lo que va a determinar si hay chances reales de una reelección de Milei en 2027.
El informe TISA lo dice con la asepsia de los datos: las empresas prevén incrementos salariales por debajo de la inflación esperada. Las compañías con casa matriz local estiman una mediana del 29% —más cerca del piso inflacionario— mientras que las subsidiarias multinacionales proyectan apenas un 26%. El 63% de las organizaciones combina distintos criterios para decidir los aumentos, y solo el 11% está tomando medidas adicionales frente al contexto macroeconómico.
La conclusión implícita que deja esta serie de datos es la misma que el IARAF había dejado meses atrás: la sostenibilidad política del esquema económico actual depende, en gran medida, de si el salario real logra recuperarse antes de que el calendario electoral obligue al electorado a hacer su propia cuenta. Por ahora, los números dicen que esa cuenta todavía no cierra.