Radiografía del desperdicio de alimentos: en Argentina más de 750 comercios ya operan con Cheaf y hoy es el segundo aportante tras el Banco de Alimentos

La app de rescate de comida gana terreno en Argentina con fuerza en panificados y lácteos. Un estudio de la firma muestra que, si bien el 91% admite que tirar comida es un problema, casi la mitad del país ajustó sus compras por la inflación.

A un año de su primera medición, la plataforma Cheaf dio a conocer los resultados de su segunda Encuesta Regional sobre Percepción del Desperdicio de Alimentos, realizada a 4.504 personas en Argentina, Chile, Colombia y México. El estudio analiza cómo perciben las personas este problema, sus hábitos de compra y qué soluciones esperan del sector privado y de las autoridades.

En Argentina, la operación de Cheaf muestra un crecimiento sostenido para hacer frente a esta problemática: la plataforma ya cuenta con más de 750 comercios aliados en el país y rescata kilos de alimentos por año. Gracias a este volumen de recupero, hoy Cheaf se posiciona como el segundo aportante más grande en términos de reducción de residuos en el país, ubicándose únicamente por detrás del Banco de Alimentos. En cuanto al comportamiento del consumidor argentino, los productos que más se aprovechan a través de la aplicación son principalmente los panificados, seguidos por la categoría de lácteos (quesos y fiambres).

La brecha entre la conciencia y el comportamiento

Uno de los hallazgos principales de la investigación regional es que la conciencia sobre el problema ya está instalada: el 91% de los encuestados lo considera un problema al menos relevante (un 19% lo califica como “crítico”). Sin embargo, esta preocupación no se traduce directamente en las conductas cotidianas. Solo un 12% afirma no botar comida nunca, mientras que un 33% reconoce hacerlo una o dos veces por semana y otro 6% admite desperdiciar con mayor frecuencia.

Entre quienes consideran el tema como “crítico” o “muy relevante”, un 40% reconoce desperdiciar comida semanalmente, cifra prácticamente idéntica al 38% registrado entre quienes le asignan menor importancia. Además, las campañas de concientización aparecen entre las medidas menos priorizadas por el público (solo un 9,5% las menciona).

“El principal desafío que vemos este año es que la conciencia ya no es el problema. Las personas saben que desperdiciar alimentos tiene consecuencias ambientales, sociales y económicas, pero eso no necesariamente cambia lo que ocurre en la cocina o al momento de comprar. La pregunta ahora es cómo hacemos que la opción de no desperdiciar sea también la opción más fácil”, explica Kim Durand, fundador y CEO de Cheaf.

“Esto nos muestra que no solo estamos frente a un problema de falta de información, sino también de falta de facilitadores. Una cosa es saber que desperdiciar alimentos está mal y otra es contar con información, herramientas y alternativas que permitan actuar de manera diferente. Ahí es donde las soluciones concretas pueden cerrar la brecha entre lo que pensamos y lo que hacemos”, sostiene Durand.

El factor económico en la mesa

El contexto económico regional influye directamente en las decisiones de consumo. El 54% de los encuestados señala que el alza de precios fue el principal factor que afectó sus hábitos de compra durante este año, superando a las promociones, el clima o la falta de tiempo. Al analizar las respuestas por país, esta cifra alcanza el 62% en Chile, el 59% en México y el 49% en Argentina.

El informe advierte también sobre el impacto de ciertas promociones: el 43% de las personas que reconoce que las ofertas por volumen (como el “2x1”) las llevan a comprar de más, también declara desperdiciar alimentos semanalmente (frente al 36% entre quienes no lo ven como un detonante). Por otra parte, ante un producto próximo a vencer, un 37% afirma que lo compraría únicamente si tiene descuento y solo un 9% lo adquiriría para conservarlo.

Durand señala que estos datos muestran que el consumidor ya entiende y acepta el descuento como una forma de aprovechar alimentos próximos a su fecha. “El desafío para el retail es convertir esa oportunidad en una estrategia sistemática, acompañándola de información que facilite la conservación y el consumo. No se trata solamente de vender un producto más barato, sino de evitar que un alimento termine convertido en desperdicio”, indica.

Las expectativas puestas en el retail

Consultados sobre las responsabilidades, el 74% de los encuestados señaló a los supermercados y grandes cadenas como los principales actores para reducir el desperdicio, por encima de los hogares (37%), los gobiernos (33%) y los restaurantes o comercios (32%). En Argentina, la expectativa hacia los supermercados alcanza el 67,3%.

Respecto a las medidas a implementar, la región prefiere los incentivos antes que las penalizaciones: un 52% opina que deben establecerse incentivos para donar o rescatar alimentos y un 28% prioriza facilitar la donación a bancos de alimentos, mientras que solo un 10% se inclina por aplicar multas a las grandes empresas.

“Hay una expectativa muy clara hacia las empresas, particularmente hacia el retail, pero también hay una señal respecto de cómo la sociedad quiere que se aborde este desafío: con incentivos y herramientas que permitan actuar, más que solamente con sanciones. Para nosotros, eso significa avanzar desde la conversación sobre el problema hacia la construcción de soluciones que hagan posible rescatar y redistribuir alimentos a una escala mucho mayor”, concluye Durand.