Manejamos -muy- mal. ¿Somos conscientes?

(Por José Manuel Ortega) Hace casi un año y bajo el título “¿Cómo manejamos?”, abordábamos este tema que sigue teniendo vigencia y resulta de gran impacto a la hora de los accidentes, en su mayoría evitables.

Volvemos con un tema muy importante. Y como dice la famosa conductora de los almuerzos, “la audiencia se renueva”.

Empecemos por una pregunta clave: ¿Qué quiere decir saber manejar?

La verdad es que podemos ensayar distintas respuestas, con distintos enfoques.

¿Es ir rápido zigzagueando sin tocar otros autos?, ¿Es saber dominar volante, pedales y cambios?, ¿O es llevar el vehículo suavemente sin sobresaltos?

Podríamos comenzar diciendo que, por lo pronto, es respetar las señales de tránsito y esto sí forma parte de saber manejar. Tener un manejo defensivo, que no significa “ir a 20 km/h todo el tiempo”, facilitar el tránsito y, por supuesto, saber llevarlo técnicamente.

Como muchos de Uds., a diario me asombro de situaciones que no pueden explicarse sino desde la falta total de respeto a los demás.

Autos que frenan sobre la senda peatonal, que aceleran (aunque parezca mentira) cuando un peatón está cruzando (mal) por la mitad de la cuadra. Gente que dobla cruzándose de carril o, peor aún, constantemente van cruzando de un lado a otro, o por el medio. Mayorías que no avisan cuando van a doblar o detenerse. Autos estacionados en doble fila, o muy cerca de la esquina (impidiendo visibilidad para quien circula transversalmente). Muchos que conducen despacio por el carril rápido (¿hace falta aclarar que es el izquierdo?) y no se corren ante el aviso de quien va detrás, otros que no ceden el paso a quien pretende entrar a una avenida, o doblan a la izquierda en una calle doble mano sin semáforo o, peor aun, con semáforo de solo 2 vías.

¿Cuántos buscan un lugar para estacionar o una dirección, frenando y acelerando como si nadie viniera detrás…?

Y así podríamos seguir. Dos conclusiones importantes:

Quienes cometen estas infracciones no son conscientes que, además de complicar al resto, ponen en juego su propio vehículo y su vida, agregando riesgo extra al implícito del tránsito.

Y además, que estas cuestiones tienen que ver con “no querer” hacer las cosas bien, y no con “no saber” que están prohibidas.

¿Dejaremos de creernos que somos Fangio, Senna, Prost o Schumacher y asumiremos que manejamos –muy- mal?. Ojalá.

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