La historia de Alladio parece de otra era, pero define el temple industrial cordobés. Nacida en Luque en 1949, la firma fabricó su primer lavarropas en un pueblo que ni siquiera tenía energía eléctrica. "Fue hecho completamente a mano", recuerda Marco Alladio. El nivel de precariedad era tal que su padre debía viajar hasta la ciudad de Córdoba solo para enchufar el prototipo en la casa de un familiar y ver si funcionaba.
Por el lado de Naranja, el punto de quiebre fue financiero y mucho más cercano en el tiempo: el Efecto Tequila de 1994. Alejandro Asrin relata un momento dramático que definió el futuro de la tarjeta: "Todos los familiares tuvimos que aportar nuestros ahorros para mantener la empresa viva". Esa crisis fue el despertador; entendieron que para crecer necesitaban una capacidad de capital que no tenían en ese momento.
¿Comprar una marca o buscar un banco? Aunque ambos buscaban escala, los caminos fueron distintos. Alladio, que era un sólido proveedor de partes para otros, vio cómo sus clientes industriales desaparecían con la apertura económica de los años 90. "La empresa estaba sana, pero desaparecían sus clientes", cuenta. En 1995, tomaron la decisión que cambiaría todo: comprar Drean, que hasta entonces era su principal cliente. Ese salto estratégico les permitió relacionarse directamente con el usuario y llegar a cubrir dos tercios del mercado argentino.
Naranja, en cambio, salió a buscar un socio para incorporar capital. Tras ser rechazados por diez bancos locales y nacionales que no veían el potencial del negocio, apareció el Galicia. "Encontramos en ellos la misma pasión y la misma ambición que nos hace seguir dentro del negocio", cuenta Asrin sobre un vínculo que ya cumple tres décadas. Este trato permitió que los fundadores mantuvieran la gestión operativa, incluso cuando pasaron a ser minoría accionaria años más tarde.
Pensados para entrenar sin que se corte el sonido a mitad de rutina. Mis favoritos del momento.
La profesionalización no se negocia
Uno de los mitos que Asrin buscó derribar en el Foro fue el de la profesionalización como una etapa "de llegada". Para el titular de Naranja X, el orden debe ser genético: "Tienes que ser profesional desde el primer día y todos los días. No es que se nace familiarmente y de golpe nos tenemos que profesionalizar, eso no existe".
Esa cultura se traduce en pilares que hoy son marca registrada, como el concepto de "colaboradores" en lugar de empleados y un enfoque obsesivo en el cliente. "La confianza se construye cada día. No podés pensar en otra cosa más que en el cliente todos los minutos de tu vida", remarca Asrin. Por su parte, Alladio destaca que la incorporación de la tercera generación familiar fue clave para cubrir los nuevos roles que exigía dejar de fabricar piezas para pasar a entregar productos terminados.
Saber cuándo pasar la posta
Durante el encuentro Alladio explica la venta de la compañía al gigante global Mabe. No fue una salida por falta de éxito, sino por una lectura honesta del mercado global y una responsabilidad con Luque, el pueblo que creció a la par de la fábrica.berta
"Reconocíamos limitaciones. Nuestro negocio hoy demanda mucha inversión de capital y, buscando que la relación con la comunidad tenga un futuro, llegamos a la conclusión de que era mejor encontrar a alguien que pudiera tomar la posta", confiesa Alladio.
El cierre del panel dejó una lección clara para el ecosistema inversor: la escala no se logra solo con dinero, sino con la humildad de reconocer cuándo el modelo propio llegó a su techo y es necesario abrir la puerta a capital estratégico, sin perder la cultura y los valores que dieron origen al negocio.