Desde 1917 son una Empresa B certificada. El ciclo se cierra con el compostaje para los residuos orgánicos. “En 2025 procesamos más de 1.100 toneladas de bioplástico compostable certificado. Nuestra planta de Luis María Drago en Vicente López, provincia de Buenos Aires, tiene más de 1.000 m² de paneles solares que cubren un tercio del consumo diurno y evitan la emisión de unas 87 toneladas de CO₂ por año, en línea con nuestra meta de carbono neutral al 2030”, describe Martín Jersonsky, fundador y CEO de Ecofactory.
En lo social, más del 50% de los 200 colaboradores con los que trabajan proviene de sectores con dificultades reales de acceso al empleo, por discapacidad o por estudios incompletos. Dentro de la fábrica funciona un programa para terminar la secundaria, junto con el Ministerio de Trabajo de la Nación y la Secretaría de Empleo del municipio. “Lo tratamos como parte del modelo industrial: es lo que nos permite retener gente en un sector donde la rotación es el principal problema”, reconoce Jersonsky.
En lo económico la lógica es simple: una empresa que pierde plata deja de tener impacto al año siguiente. “La rentabilidad es la condición que sostiene todo lo demás, y por eso invertimos en capacidad productiva y en certificaciones que abren nuevos mercados”, explica Jersonsky.
Las bolsas reutilizables son de friselina, una tela no tejida de polipropileno que fabrican en su planta extrusión. Están hechas sin hilos, lo que permite que al final de su vida útil sean económicamente reciclables y cierren su ciclo. Se lavan en el lavarropas como una camisa y soportan más de 200 usos. Su virtud ambiental está en la vida útil: cada una reemplaza cientos de descartables y evita ese residuo durable. “La mejor basura es la que no se genera, y eso es lo que logramos reutilizando las bolsas”, distingue el CEO de la empresa B.
Las bolsas compostables son de bioplástico, un compuesto de biopolímeros basados en almidón. Se descomponen por completo en menos de 180 días en una compostera hogareña, sin dejar micro plásticos ni residuos tóxicos. El objetivo es que cuando la propia naturaleza del uso exige una bolsa de un solo uso -una bolsa de correo, una bolsa de residuos- esa bolsa esté hecha de una materialidad igualmente efímera, como lo hace la naturaleza con la cáscara de una fruta. Están certificadas por TÜV Austria bajo la norma europea OK Compost HOME (EN 13432) y bajo la norma argentina IRAM 29421. Cabe señalar que fueron la primera empresa del país en obtenerla, en septiembre de 2024. La certificación es lo que separa una bolsa compostable real de una que solamente se rompe en pedazos más chicos.
Por otra parte, las bolsas de papel son con certificación FSC, que garantiza el origen del papel en bosques de manejo responsable. Cuando una bolsa debe ser de un solo uso, corresponde que esté hecha de una materia prima compostable, regenerativa y que vuelva a la naturaleza.
Las composteras de compost.ar están fabricadas en plástico reciclado, y ahí hay una coherencia buscada: el equipo que transforma residuos orgánicos en tierra fértil está hecho, él mismo, con material recuperado. Van desde modelos hogareños de 4 y 12 litros hasta equipos industriales que procesan entre 10 y 1.000 kilos de orgánicos por día.
Ecofactory abastece a las principales cadenas de retail del país: Día, Carrefour, Cencosud —Jumbo, Disco y Vea—, Coto, La Anónima, Farmacity, Grido y PedidosYa. Son compañías de alcance nacional, así que las bolsas están en góndolas y cajas de Córdoba todos los días. Cada cadena trabaja con las líneas de producto que mejor se ajustan a su operación, y esa amplitud de portfolio es parte de lo que le psermite acompañarlas.
Córdoba pionera
“Con Córdoba tenemos un vínculo particular a través de Grido, una compañía cordobesa con presencia en todo el país y en varios mercados de la región. Grido nació en Córdoba y se convirtió en la heladería más grande de Latinoamérica. Que una compañía de ese tamaño apueste al packaging sustentable marca el ritmo para todo el sector”, agrega orgulloso.
Córdoba capital además fue pionera: la Ordenanza 12.415, vigente desde noviembre de 2015, obligó a los supermercados a dejar de entregar bolsas descartables gratis. Los propios supermercadistas reportaron entonces una caída de 18 millones a 3 millones de bolsas mensuales. Ese tipo de norma es la que después replican otras ciudades, y es donde la bolsa compostable certificada aparece como la solución para los usos donde la reutilización no funciona.
Algunos números circulares
Desde que lanzaron la línea compostable llevan fabricadas alrededor de 180 millones de bolsas, procesando más de 2.000 toneladas de bioplástico. “Hoy estamos produciendo 15 millones de bolsas compostables por mes, y tenemos capacidad instalada para otros 10 millones de bolsas reutilizables mensuales”, agrega Jersonsky. Cada bolsa compostable ocupa el lugar de una bolsa de plástico convencional. Son 180 millones de bolsas de plástico de un solo uso que no se fabricaron y que no van a quedar enterradas en un relleno sanitario durante siglos.
Para dimensionar el volumen de material, es clave considerar solo el impacto de las bolsas de bioplástico: un auto chico pesa aproximadamente una tonelada. Las más de 2.000 toneladas que procesan equivalen al peso de 2.000 autos. Estacionados uno detrás del otro, respetando bocacalles y ochavas, forman una fila de 14,2 kilómetros: casi un tercio del anillo completo de la Avenida de Circunvalación, que mide 47 kilómetros. “Puesto de otro modo, una fila que arranca en el kilómetro cero de la Plaza San Martín cruza la ciudad entera y termina fuera del ejido municipal, cuyos límites están a doce kilómetros del centro. La diferencia es que ese material, en lugar de acumularse, se transforma en compost en 180 días y vuelve a la tierra como fertilizante”, dimensiona Jersonsky.
Cada bolsa reutilizable reemplaza del orden de 200 descartables a lo largo de su vida útil. Con un gramaje típico de 6 gramos por bolsa camiseta de polietileno, son alrededor de 1,2 kilos de plástico convencional evitados por cada bolsa en circulación. “Producimos más de 50 millones de bolsas reutilizables por año, que a lo largo de su vida útil van a reemplazar unas 60.000 toneladas de plástico de un solo uso. Siguiendo la misma analogía, esa cifra equivale a una fila de más de 400 kilómetros de autos: nueve vueltas completas al anillo de Circunvalación”, añade.
Logros y desafíos
Desde hace ya 16 años están disponibles productos que den solución a los plásticos de un solo uso, de una manera sostenible desde lo social, lo económico y lo ambiental. “Más recientemente me enorgullece haber dado el salto tecnológico con el bioplástico y crear un mercado que no existía. En 2024 Argentina consumía unas 100 toneladas anuales de bioplástico compostable. En 2025 el mercado llegó a 1.200 toneladas y nosotros procesamos más de 1.100, y para 2026 proyectamos más de 2.000”, adelanta Jersonsky.
El segundo logro es financiero y su trayectoria marca un camino para la PyME industrial argentina. “En 2024 fuimos la primera PyME industrial Empresa B del país en emitir una Obligación Negociable con etiqueta verde. Salimos a buscar 500 mil dólares y recibimos ofertas por 1,82 millones. El mercado de capitales le puso precio al impacto medido”, destaca.
Para este año tienen tres desafíos, uno es el industrial: integrar hacia atrás la producción del compuesto de bioplástico, incorporando almidón de maíz argentino. “Hoy importamos la resina; producirla acá significa sustituir importaciones, agregar valor a una materia prima nacional y ganar autonomía de costos”, cuenta. El segundo es de gestión: “estamos elaborando nuestro primer reporte de sostenibilidad bajo estándar GRI junto con la Bolsa de Comercio de Buenos Aires, y somos la primera empresa en suscribir ese programa”, agrega orgulloso. Y el tercero es de mercado “llevar la bolsa compostable certificada a todo el país y a la región, porque el problema del plástico de un solo uso es global”, finaliza.