Los centros comerciales argentinos están atravesando dos grandes transformaciones simultáneas. Puertas adentro, el mix de ventas se corre de la indumentaria hacia experiencia y el entretenimiento. Puertas afuera, vuelve a instalarse un ciclo de desembarcos de marcas internacionales que no se veía hace años.
Según la Encuesta Nacional de Centros de Compras del INDEC, Indumentaria, calzado y marroquinería pasó de representar 48,2% de las ventas de los shoppings en diciembre de 2019 a 43,6% en diciembre de 2025, una caída de 4,6 puntos porcentuales. En el mismo período, Gastronomía, alimentos y kioscos subió de 11,1% a 13,7%; Ropa y accesorios deportivos, de 10,4% a 12,5%; y Perfumería y Farmacia, de 4,4% a 5,7%.
Sumadas, estas categorías "experienciales" —gastronomía, deporte, perfumería y entretenimiento— pasaron de explicar 27,6% de las ventas en 2019 a 34,5% en 2025. Para Daniel Coli Crespo, director general de CCLA (Centros Comerciales Latinoamérica), "hoy un shopping exitoso tiene que tener una clínica, una universidad, gimnasios y mucho entretenimiento": el secreto está en el tenant mix, saber qué rubro y qué marca van en cada metro cuadrado para que el visitante quiera volver.
Desde el lado de los operadores, Gastón Manganiello, CMO de Grupo IRSA, coincide con el diagnóstico: "hace algunos años que los shoppings vienen en transformación y hoy lo podemos definir como un centro de experiencias. La gente busca tener servicios. "Hoy IRSA recibe más de 100 millones de personas entre todos sus centros comerciales al año. El tiempo libre de las personas es escaso. Por lo que nosotros trabajamos en que la gente venga más y permanezca más tiempo dentro".
El promedio nacional esconde diferencias marcadas por región: en mayo de 2026, Indumentaria explicaba 46% de las ventas en la Ciudad de Buenos Aires pero solo 24% en Cuyo, mientras que Deportes llegó a 21,2% en Patagonia. Algunos shoppings ya empezaron a mover ficha: Pablo Peralta Ramos, director de Fortín Maure —propietaria de Recoleta Urban Mall y El Solar—, contó que tras detectar que 26% de sus clientes compraba ropa en el exterior, avanzaron con la reconversión de locales de todo el primer piso del shopping.
El regreso de las marcas globales
En paralelo, el país volvió a aparecer en los planes de expansión de operadores globales de moda, calzado y lujo. Mango regresa de la mano de Grimoldi con una primera tienda de 700 m2 en Alto Palermo. H&M llegará en 2027, también a Alto Palermo, operada por Hola Moda —uno de los anuncios de mayor resonancia simbólica para el mercado—. Superdry desembarca junto a Tango Fabric con una inversión estimada de entre US$ 40 y 50 millones en sus primeros cuatro años, con Buenos Aires como hub regional para Sudamérica.
A esos nombres se suman Kiabi, ya operativa con más de 1.500 m2 en Calle Florida y con Rosario confirmada como segunda plaza; Lucky Brand, de la mano de Oxford, con un plan de 30 locales exclusivos de denim; Bestseller, que a través de Grupo One desarrollará Jack & Jones y Only en entre 30 y 40 aperturas; y Armani Exchange, que vuelve con Grupo Tucci por Unicenter con planes de sumar Emporio Armani en 2027. Antes ya habían llegado o vuelto Decathlon, Victoria's Secret, Dolce & Gabbana, Sandro, The Kooples, Maje, Farm Rio, Miniso e Indian.
Un ciclo con riesgo político incorporado
El propio análisis de mercado advierte que este ciclo de apertura comercial está ligado al gobierno de turno, y que la Argentina tiene antecedentes concretos de marcas que debieron irse cuando cambiaron las reglas: Falabella y C&A se retiraron por restricciones cambiarias y de importación, y Decathlon cerró en 2002 tras su primer intento en el país, para recién volver en 2025, más de dos décadas después.
La mayoría de estos desembarcos arranca en Buenos Aires —Alto Palermo, Unicenter, DOT Baires, Patio Bullrich y Alcorta son las plazas elegidas—, pero varias marcas ya miran el interior: Kiabi eligió Rosario como segunda ciudad y Bestseller incluyó el resto del país en su estrategia de expansión.