La operación, que se viene ejecutando bajo extrema reserva y a toda velocidad, implica el traspaso de más de 1.600 empleados, además de inventarios, mercadería, sistemas y procesos logísticos. Todo deberá quedar listo antes del cierre formal de la transacción.
En las últimas semanas, clientes de distintos puntos del país comenzaron a notar góndolas menos abastecidas, liquidaciones y reducción de stock en varias tiendas. ¿El motivo? El proceso de recuento de inventarios y reorganización previo al takeover de la cadena patagónica.
Una transición récord (pero sin reapertura inmediata)
Aunque el closing formal está previsto para el 1 de junio, las sucursales no reabrirán automáticamente ese mismo día bajo la nueva bandera.
Según pudo saber InfoNegocios, cada local cerrará durante algunos días para avanzar con tareas de reabastecimiento, adecuación operativa y reorganización interna.
Con fuerte posicionamiento histórico en la Patagonia y el interior argentino, la cadena controlada por la familia Braun viene consolidando su expansión en distintos mercados, apostando a formatos de gran superficie y consumo masivo.
Qué puede pasar ahora
En esta primera etapa, el foco estará puesto en estabilizar la operación: reponer stock, normalizar abastecimiento y garantizar la continuidad laboral durante la transición.
Después llegará el verdadero desafío: adaptar la identidad comercial de las tiendas, redefinir surtidos y comenzar a imprimir el ADN de La Anónima en espacios históricamente asociados a Libertad.