El ABC de la toma de decisiones (los aportes de la neurociencia a la economía y la política)

¿Un político puede sacar más votos sólo por su fisonomía? ¿Un selector incorpora a un nuevo empleado por la curvatura de sus labios más que por su nivel académico? Mariano Sigman, físico y doctor en neurociencias, asegura que es así. Además, cuenta por qué los argentinos somos más aversos al riesgo y da una pista para los que tienen que decidir cuestiones de pareja. Una nota para todos y todas, a continuación.

Cuáles son los mecanismos por los que tomamos decisiones y el tipo de razonamiento que hacemos es el objeto de estudio de Sigman, quien trabaja para descubrir ciertos rasgos comunes y conocerlos para comprender esos mecanismos y cambiarlos o corregirlos.

“Una decisión es una elección en base a datos, a información. Hoy sabemos que para tomar una decisión construimos una opinión que no está basada en aquellas cosas que creemos que utilizamos para construirla”, explica Sigman a InfoNegocios antes de dar su charla en Innovacor 2014, el congreso de Innovación organizado por Uvitec.

“En las relaciones humanas hay sesgos que tienen que ver con las expresiones faciales – explica -, un ejemplo típico es cuando se da la elección de un nuevo recurso humano, y el selector cree que toma la decisión porque el aspirante es serio, responsable, tiene un MBA y yo puedo determinar que lo eligió por la curvatura de la boca, independientemente de qué nivel de aptitudes”.

Esa cuestión también se aplica a la política, dice Sigman. “Si me das dos candidatos a una intendencia en una ciudad de Australia yo te digo, con cierto grado de certeza, quien puede ganar sólo viéndole la cara. Y si escucho la prosodia, ese grado aumenta mucho más”, sostiene.

¿Razón o intuición?
¿Qué ocurre con las decisiones que se toman siguiendo una corazonada? Para el físico, hay decisiones que conviene tomarlas desde la intuición y todo depende de la complejidad del problema. Si éste tiene pocas variables, dos o tres, mejor optar por una decisión  deliberada, dice, pero para una decisión de pareja afirma que racionalizar la decisión es lo peor.

“El proceso de corazonada no es algo místico, es un proceso de decisión que tiene los mismos ingredientes que el racional pero que no tiene registro consciente y que se da más rápido. Es decir, no es magia”, señala.

Las decisiones en tiempos volátiles
“Uno de los vicios de la toma decisiones es la aversión al riesgo, y en contextos volátiles como el actual, nos volvemos más conservadores. El problema es que somos conservadores hasta un punto que no es utilitario”, concluye Sigman.

 

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