Este proyecto busca aliviar la economía de estudiantes y sus familias (que no viven en la ciudad de Córdoba) a la hora encontrar una estadía para estudiar en la UNC; así como también fortalecer las alianzas internacionales de la universidad.
Un edificio con un pasado y presente histórico
Durante décadas, el Nogaró fue uno de los hoteles más importantes de Córdoba entre mediados de los años 40 y la década del 80. En una ciudad con menor oferta hotelera de alta categoría, era el lugar donde se alojaban figuras políticas y culturales de peso.
En la memoria de cronistas y fotógrafos locales aparecen nombres como Eva Perón, Raúl Alfonsín o Carlos Menem. Incluso, se llega a mencionar el paso de Juan Domingo Perón y Diego Maradona en alguna de sus tantas visitas a la ciudad.
En los 90, el edificio fue transformado en el Interplaza (brevemente se llamó Córdoba Plaza), de la mano de la familia Jalil. Gustavo Jalil —fundador del Banco Julio en 1993— impulsó la reconversión del hotel, que pasó a ser un espacio clave para convenciones, eventos corporativos y turismo de negocios.
Ese ciclo se cerró en 2020, cuando la crisis del COVID-19 terminó de afectar a la actividad hotelera y el establecimiento dejó de operar.
La residencia
El proyecto de la UNC no implica un cambio estructural del edificio. Este ya contaba con 110 habitaciones, de las cuales la mayoría de esas unidades serán reutilizadas para alojar estudiantes, aunque la configuración final aún está en definición.
Lo que sí empieza a delinearse es la escala del proyecto: se estima una ocupación de alrededor de 50 estudiantes por piso habitacional. Considerando entre 6 niveles destinados a alojamiento, la residencia podría albergar 300 estudiantes en total.
Será para estudiantes de primer año y el plazo de ocupación de la habitación se extenderá entre febrero y diciembre de cada año.
La iniciativa contempla, además, en la planta baja del edificio, la inauguración de un apéndice del Comedor Universitario con capacidad para 1000 raciones diarias.
Antiguo salón del hotel Interplaza destinado al nuevo comedor universitario.
El nuevo esquema de uso ya tiene una distribución bastante clara:
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Plata baja: comedor universitario.
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Primer piso: espacios comunes y áreas de estudio.
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Segundo piso: continuará ocupado por el Banco Julio.
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Del tercer al octavo piso: habitaciones para estudiantes.
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Noveno y décimo piso: se evalúa sumar espacio ocupacional tanto para profesores, académicos, congresistas y alumnos de intercambio.
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Onceavo piso: laundry y terraza.
Inversión: la UNC financiará una parte de la inversión y el resto será costeado por los estudiantes. La estimación es que cada estudiante pague 60 mil pesos. En el caso de los estudiantes extranjeros de intercambio que se alojen, la tarifa se ajustará a estándares internacionales.
Noveno piso del edificio. Previamente ha sido un departamento privado, en el futuro será un espacio común para estudiantes.
De símbolo urbano a activo académico
La Universidad Nacional de Córdoba, con más de 400 años de historia, le imprime un nuevo sentido al histórico edificio.
Donde antes hubo turismo, política y eventos, ahora habrá formación, convivencia y producción de conocimiento. En ese cruce entre pasado y futuro está el verdadero valor del proyecto.
Historia del tiempo de Ñaupa
En los años 80, el entonces presidente de River Plate, Rafael Aragón Cabrera había conformado “Aragón Cabrera - Cadena de Hoteles” y tenía en Córdoba dos espacios únicos: el Crillón Hotel (Rivadavia 85, casi 25 de Mayo) y el Hotel Nogaró (San Jerónimo 137).
¡Te acordás hermano...! De la época de Ñaupa, este R-12 de Carlos Celiz (año 1984) con el sponsoreo de los dos grandes hoteles de la época: Crillón y Nogaró.
Las propiedades eran administradas en su mejor momento por Oscar Ghezzi, empresario gastronómico y vinculado también al fútbol por Talleres.
Por ambos hoteles pasaron todos los visitantes ilustres de la época, en una lista difícil de reconstruir y a la que -ojalá- colaboren algunos lectores memoriosos.
En esta instantánea (posiblemente en el hotel Crillón), un juvenil Diego Marado junto a José Daniel “la Rana” Valencia (campeón del Mundo en 1978) y Oscar Ghezzi.
El historiador y ex político Esteban Dómina recuerda de esos años:
Córdoba era una ciudad abierta, no había countries ni barrios cerrados. Tampoco existían muchos de los barrios actuales que se fueron anexando con el transcurso del tiempo y el crecimiento poblacional…
Los mejores hoteles de ese tiempo, como el Crillón, el Nogaró, el Sussex o el Plaza rodeaban a la Plaza San Martín. La gente se movilizaba en colectivos, que por esos días funcionaban mejor que ahora, y taxis que eran de color negro y amarillo. Remises no había, trolebuses tampoco. Los trenes aún llegaban a la estación de Alta Córdoba y a la del ferrocarril Mitre, junto al río.